Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘PSICOANÁLISIS’ Category

V. S. Naipaul

 

Ciento setenta y un páginas ha necesitado el narrador de Naipaul para que en “Una casa para el señor Biswas” pueda contarnos la historia de este personaje, quien es educado para ejercer de pandit, pero termina como periodista.

Incluso antes de conocerlo, antes de que naciera ya se escucha hablar del señor Biswas. Los lectores nos adentramos en detalles de la intimidad de la vida de sus padres cuando él estaba aún en el vientre. Indicios de cómo es la familia que lo acogerá, sus raíces, sus antepasados, sus costumbres y sus debilidades nos llegan  a través de voces que hablan, que se refieren en forma directamente o indirectamente de él. El narrador, omnisciente, pone al tanto al lector de los más mínimos detalles; de todo aquello que se relacionan con el personaje. Le escuchamos decir, por ejemplo:

Poco antes de que naciera el señor Biswas, hubo otra pelea entre su madre, Bipti, y su padre Raghu, y Bipti se llevó a sus tres hijos, andando bajo el ardiente sol hasta el pueblo en el que vivía su madre, Bissoondaye. Allí, Bipti lloró y contó la vieja historia de la tacañería de Raghú: que controlaba cada centavo que le daba, que contaba cada galleta de la lata, y que era capaz de caminar quince quilómetros  con tal de no pagar un penique por un carro.

Cuando interviene su abuelo es sólo para completar la imagen del panorama de su familia, la idea de lo que arrastran, el bagaje cultural extranjero y aquello que de alguna manera le espera al señor Biswas. Incorporándose apenas de la hamaca donde descansaba éste agregará: << El Destino. No se puede hacer nada.>> Y es el narrador quien nos aclara que:

Nadie le prestó la menor atención. El destino le había llevado de la India a la plantación de caña, le había avejentado rápidamente y le había dejado que muriese en una choza de barro a punto de desmoronarse en medio de los pantanos; sin embargo, hablaba del Destino con frecuencia y con afecto, como si, por el simple hecho de sobrevivir , fuera especialmente afortunado.

En “Una casa para el señor Biswas” se cuenta la vida de este personaje quien se ve atrapado en una maraña de situaciones que le llegan como carga,  una “herencia”, algo que no puede evadir, pero al mismo tiempo en la novela se lo descubre ingeniándose modos de sobrellevar su “suerte” hasta logra crear sus propias reglas; acepta unas veces su destino y otras se rebela con el fin de hacerse asimismo; a su gusto.

Cuando decidí trabajar el “Cuerpo” en los personajes de ficción e investigar cómo ciertos eventos repercuten en éste recordé “Una casa para el señor Biswas”. En esta novela está presente el cuerpo, el del señor Biswas el cual se va diseñando en cada página. En la novela, ese cuerpo, está presente en todas las etapas de la vida del personaje. Y se va armando poco a poco desde el interior de la novela y desde la intervención del lector: nadie se puede apropiar de la imagen personal que se hace cada lector del señor Biswas. Ni el propio narrador tiene el poder para corregirnos o contradecirnos.

De los psicoanalistas aprendí que el cuerpo es una constitución subjetiva: se nace con un cuerpo, pero éste se va construyendo poco a poco bajo la influencia que ejerce la mirada de los demás. La percepción que tengan los demás influenciará en la representación que cada quien se forme de sí mismo y de su cuerpo. Las palabras dejan huellas en uno y no sólo marcan al cuerpo sino que además contribuyen a que esta imagen pueda materializarse. En suma somos cómo somos y cómo nos ven los demás. Por eso, a través de la mirada que el narrador posa en los detalles de la familia del señor Biswas, las palabras que elige para narrar dichos acontecimientos y las reacciones propias del personaje ante una situación particular  van a ir construyendo al señor Biswas, le va armando su cuerpo, el cual es completado también con la mirada del lector de su historia.

El cuerpo del señor Biswas es el centro de la historia, alrededor del cual gira su vida y los demás acontecimientos de la novela. Lo que le afecta al cuerpo de este personaje redunda en su vida personal y viceversa. Lo comprendemos bien cuando en una de las primeras páginas el narrador, dice:

 Mientras el anciano seguía hablando, Bissoondaye llamó a la comadrona, preparó comida para los hijos de Bipti y le hizo la cama. Cuando llegó la comadrona, los niños estaban dormidos. Al cabo de un rato les despertaron los chillidos del señor Biswas  y los alaridos de la comadrona  —¿Pero qué niño es éste? ¿Con seis dedos y nacido al revés?

El anciano gimió  y Bissoondaye dijo:

Lo sabía. No tengo suerte.

Inmediatamente, a pesar de que era de noche y el camino estaba solitario, salió de la choza y se dirigió al pueblo más próximo, donde había un seto de cactos. Volvió con hojas de cactos, las cortó en tiras y colgó una tira sobre cada puerta, cada ventana, cada abertura por la que pudiese entrar un mal espíritu en la choza.

Pero la comadrona dijo:

Hagáis lo que hagáis, este niño devorará a su madre y a su padre.

—Sí, claro.

Nacido al revés o con seis dedos el señor Biswas conservará su estatus de señor. Desde antes que naciera y durante toda la novela; hiciera lo que hiciese el señor Biswas será siempre el señor Biswas.

También he aprendido que Lacan mira al cuerpo desde sus tres dimensiones, las cuales están unidos con un nudo borromeo: la dimensión imaginaria, la simbólica y la real. Cuando estamos frente al registro simbólico lo que lo marca son las palabras; le dejan huellas, y lo fragmentan. En lo real, el cuerpo es una caja llena de órganos, pero como está anudada con los demás registros nada le será indiferente: todo pasará por lo real y viceversa. Y es en la dimensión imaginaria donde el cuerpo adquiere la ilusión de ser un todo: una imagen completa, unificada.

Todo lo que le pasa al personaje en sus primeras horas de vida, repercutirá, de alguna manera, en su vida futura y en su cuerpo. Por eso, el narrador atento a los detalles cuenta:

A la mañana siguiente, cuando, a la brillante luz, daba la impresión de que todos los malos espíritus habían abandonado la tierra, llegó el pandit, un hombre bajo, delgado, de rostro afilado y sarcástico y modales altaneros. Bissoondaye le acomodó en la hamaca, de la que habían echado al anciano, y le contó lo ocurrido.

 Humm. Con que nacido al revés. Y dices a media noche.

Bissoondaye no tenía forma de saber la hora, pero tanto la comadrona como ella estaban convencidas de que había sido a media noche, la hora desfavorable.

Mientras Bissoondaye estaba sentada ante él, con la cabeza cubierta e inclinada, el pandit  se animó de repente.

Bueno, no importa. Siempre hay formas y maneras se superar estas desgracias.  Desató el hatillo rojo que llevaba y sacó el almanaque astrológico, un fajo de hojas sueltas, alargadas y estrechas, metidas entre tablas. Las hojas se habían vuelto pardas con el tiempo, y su olor a humedad estaba mezclado con el de la pasta roja  y ocre de sándalo que las había salpicado. El pandit levantó una hoja, leyó un poco, se mojó el índice con la lengua y levantó otra hoja. Por último, dijo:

En primer lugar, las características de este desgraciado muchacho. Tendrá buenos dientes, pero serán bastante anchos, y con huecos entre medias. Supongo que sabéis lo que eso significa. El chico será lascivo y manirroto. Posiblemente, también mentiroso. Es difícil saber qué pasará con los huecos entre los dientes. Pueden significar sólo una de esas cosas o las tres.

¿Y lo de los seis dedos, pandit?

 Desde luego, es una señal sorprendente. Lo único que puedo aconsejar es mantenerle alejado de los árboles y del agua. Sobre todo del agua.

¿O sea que no hay que bañarlo nunca?

 No quiero decir exactamente eso. — Levantó la mano derecha, juntó los dedos y, con la cabeza ladeada, dijo lentamente: Hay que interpretar lo que dice el libro. —Dio unos golpecitos sobre el tambaleante almanaque con la mano izquierda -. Y cuando el libro dice agua, pienso que se refiere al agua en su forma natural.

En su forma natural —

En su forma natural — repitió el pandit, pero sin mucha convicción . Quiero decir – se apresuró a añadir, un tanto fastidiado, mantenerle alejado de ríos y charcas. Y por supuesto del amar ¡Ah, y otra cosa! — añadió con satisfacción . Sus estornudos traerán mala suerte. — Se puso a recoger las alargadas hojas del almanaque —. Gran parte de los males que sin duda traerá este niño se mitigarán si se le prohíbe al padre que le vea durante veintiún días.

Nada más fácil dijo Bissoondaye, expresando emoción por primera vez.

El día vigésimo primero, el padre debe  ver al niño. Pero no en carne y hueso.

¿En un espejo, pandit?

Me parecería poco aconsejable. Mejor en un plato de latón.

Bien limpio.

A raíz de un artículo subido a este blog un amigo me escribió preguntándome si le recomendaba aquella novela. Solo cuando la obra, las palabras con las que se narra, me han dejado huellas, marcado, nace en mí el deseo de decir algo. Tengo demasiados buenos recuerdos de textos que me sorprendieron, y que quisiera comentar. Uno de esos deseos pendientes era esta novela de Naipaul. La conozco desde hace algún tiempo y la he leído en varias oportunidades y en cada una de ellas me ha sorprendido de alguna forma grata e inesperada. Decir que tiene quinientas setenta y un páginas puede asustar a aquellos amantes de los minirelatos, microcuentos; pero, déjeme decirles, sin caer en el engaño, que cada página de este libro es una mini historia que sumada al todo completan “Una casa para el señor Biswas”.

Esta novela de Naipaul deja al lector en libertad de colocar al final tres puntos suspensivos: tal como termina la vida. Por eso, no me gustaría adelantarles nada sobre ese deseo recurrente del Señor Biswas por lograr tener una casa propia y así independencia. Tampoco les adelantaré sobre las veces que lo intenta y en cuantas lo logra.  Lo que sí adelantaré un poco más es sobre mi trabajo de cártel de psicoanálisis, referente al cuerpo del señor Biswas. Como ya sabemos ese cuerpo llegó simbolizado: llega al mundo con una marca de nacimiento: se hicieron los mínimos preparativos para su nacimiento y sus chillidos despertaron a sus hermanos. Y él comienza a existir como ese niño nacido al revés y con seis dedos; arrastrando un sino que nos recuerda a las tragedias griegas.

El señor Biswas existe y hace existir a ese cuerpo marcado por las palabras y las diferentes voces que predijeron su futuro: voces de la comadrona, del pandit, de sus abuelos, y sus padres. Todas esas experiencias surgidas en su relación con los demás estarán presentes en muchas de las situaciones de su vida.  El primer contacto con su imagen no será claro ni definido, como suele presentar un espejo; la del señor Biswas será una imagen difusa y distorsionada por el latón: todo lo cual nos lleva a recordar la teoría del estadio del espejo de Lacan

Antes de nacer el señor Biswas es nombrado por el narrador y por los preparativos silenciosos para su arribo.  Y continuará siendo hablado aún después de muerto; a pesar de ya no tener cuerpo seguirá siendo motivo de palabras. A pesar de ser un ser de ficción su historia será capaz de conmocionar las fibras más íntimas de los lectores. Toda su vida estará marcada por la palabra, los libros y la escritura. A través de ella el señor Biswas atravesará la temporalidad de su cuerpo.

 

Una casa para el señor Biswas

V.S. Naipaul

 

Los libros de Luzrosario Aráujo G. los puedes adquirir entrando a estos links:

 

La cama mágica dos

http://www.amazon.com/dp/B01CF47KL0?ref_=pe_2427780_160035660

 

Con licencia de ficción

http://www.amazon.com/dp/B01CB1SMGO?ref_=pe_2427780_160035660

 

La gran simuladora

http://www.amazon.com/dp/B01CLV9SXA?ref_=pe_2427780_160035660

Anuncios

Read Full Post »

El mundo de Sofia - Jostein Gaarder

Recibí “Le Monde de Sophie” dentro de una bella bolsa proveniente de Francia, impregnada aún con los aromas de los perfumes que, seguramente, había cobijado su interior. Abrí el libro y, esta vez sí, me detuve a husmear sobre su autor, Jostein Gaarder, profesor de filosofía. En su interior descubro sus tres dedicatorias, sólo una de ellas tiene fecha, Nov 10-95. son palabras para Pao, empiezan con un << Te quiero mucho>>, y terminan con un <<Te adoro>>, resulta difícil descifrar quién lo firma. También está la dedicatoria de Roberto, quien comienza con un <<Queridísima Poalita>> y termina con: << no olvides que pena compartida es media pena y,  sobre todo, alegría compartida es doble alegría>>. Según uno de los científicos entrevistado por Eduard Punset, sólo seis personas separan a dos desconocidos; así que posiblemente, algún día, Roberto se enterará que leí su dedicatoria.

Cuando hice gala de mi entusiasmo por “Le Monde de Sophie”, una amiga me calló señalando que ella lo había dejado porque le había resultado demasiado infantil: <<está estructurada para niños>>, me dijo. El silencio respondió por mí. La verdad es que “El Mundo de Sofía” tiene dos rostros. Uno demasiado infantil. A veces resulta difícil asimilar y se rechaza conociendo cómo fuimos y son, más que nunca, ahora las chicas de quince años, la intromisión de tantos personajes de cuentos infantiles. Una quinceañera, lo que  intenta, en realidad,  es romper con el cordón umbilical que le une a esa etapa de la niñez, y lo que más quiere es ser tratada en todo momento como adulto: sólo años después  añorará esa etapa infantil. Y cuando uno se fija en el otro de sus rostros, caemos en cuenta de que no se puede considerar que hablar y estudiar a Hegel, Spinoza, Hume, Freud, Darwin y otros filósofos más, sea asunto o tema para niños. Uno termina cuestionándose sí habría alguna joven, víspera de su cumpleaños de quince años, dispuesta a ponerse a estudiar filosofía, y prefiera, a otras cosas, permanecer zambullida en ese mundo; sólo Sofía e Hilda.

A mí, finalmente, no me incomodó encontrarme con personajes de los cuentos infantiles, pero comprendo bien a los que consideran que este detalle, a veces, en extremo, pudiera estar perjudicando a que la obra fuera leída y disfrutada por muchos más. A los que les pasa eso, les sugiero continuar con la lectura, les aseguro que se encontrarán con grandes sorpresas, hay mucho para la imaginación y para disfrutar. Somos testigos de un despliegue de seducción e ingenio. Se presencia aquello que es capaz de hacer un hombre mayor para atraer la atención de una jovencita de quince años. En “El Mundo de Sofía”, Alberto osa invitar a Sofía a un encuentro, a las cuatro de la mañana, en la iglesia Santa María, construcción en piedra de la época de la Edad Media. Y se escuchará la sarta de mentiras que Sofía lanzará a su madre, para poder cumplir y llegar a la cita.

A principio del 2011 me encontré con Rina, amiga lectora, quien en cuanto llegó a mi lado me dijo: << Qué suerte que te encuentro, últimamente he estado pensando en ti. De Francia me traje un libro y, por lo que me comentó la amiga que me lo regaló, sé que te va a fascinar. Yo aún no lo puedo leer, así que te lo voy a prestar>>. Me aclaró que el libro ya había pasado por algunas manos más: su amiga lo había recibido de otra amiga que a su vez lo había recibido de alguien más. Cuando me dijo que se trataba de “El Mundo de Sofía”, me dio un buen alegrón. A mi vez, yo le comenté la experiencia de mi primer contacto con esa obra a lo que Rina me aclaró, sonriendo: << no creo que te vaya a suceder eso; ésta está en francés>>.

Calculo que fue el 2005, cuando en una de esas salidas de cacería de lecturas me topé con un título sugerente: “El Mundo de Sofía”, libro recomendado. En cuanto precisé a la amiga que me lo había hecho, lo compré. Y como estaba en un Centro comercial me instale en un café a leerlo. Sus primeras páginas me atrajeron demasiado, su lenguaje sencillo, dulzón, y su comienzo para niños, que creí no me ofrecía ningún reto, pronto me hicieron sucumbir y lo cerré. Y sin ojear nada más, regresé a la librería y cuestioné, a la que me lo había vendido, si el libro, en mención, es de autoayuda, o para niños. La dependiente, no lo había leído, pero me hizo notar que “El Mundo de Sofía” lo había sacado de la sección de novelas, y me recomendó que regresara, mejor, al día siguiente y consultara con la administradora, que sí había leído el texto. Se ofreció a cambiármelo, si quería, por otro que consideraba “fabuloso”: su autora acababa de ganar un tremendo premio. Suelo desconfiar de las obras que reciben suculentos premios y a su alrededor se despliega demasiada promoción: ditirambos, diría Borges; y como no suelo rehuir a los riesgos… Apenas había terminado las primeras páginas, ya había empezado a extrañar “El Mundo de Sofía”. El arrepentimiento y la culpa me habían comenzado a embargar, pero no el coraje suficiente como para regresar a la librería y plantar reclamo, para manifestar que me sentía estafada. “El Mundo de Sofía” me lo había recomendado Ktina, tremenda lectora, y yo había desdeñado el criterio de mi amiga, e inclinado por el de una desconocida, que nada sabía de mis necesidades literarias y deseos de lectura. Durante algunos años había cargado conmigo el vacío ocasionado por ese título que había dejado escapar de mis manos, porque el día que terminé de reunir para su rescate, y fui a la librería, ya no quedaba otro ejemplar en Guayaquil. A pesar de que había intentado conseguirlo en Quito, o fuera del país,  por uno u otro motivo no lo había logrado. Y así llegue al 2011; pero para ese entonces ya creía haber sub-sanado de aquella frustración.

Tal vez, recibir y encontrar cartas en un buzón, o que alguien se ingenie para que éstas fueran entregadas por su perro Hermes, hoy en día, en pleno 2013, ya esté lejos de ser un recurso novedoso. Para seguir el hilo y disfrutar de ese hecho uno debe hacer el esfuerzo y ubicarse en un momento antes de la invasión, boom, de la comunicación por internet. Pero,  “El Mundo de Sofía” sí produce una gran atracción el hecho de saberse testigo, y cómplice, de la relación entre una joven de quince años y su profesor de filosofía, de más de cuarenta. Cuáles son o cómo se enfrentan las diferencias generacionales dentro de las relaciones entre un hombre y una mujer de épocas tan distantes, siempre producirá un interés que llevará a indagar; estará impregnada de novedad y no le faltará su dosis de morbo; especialmente para los lectores que llegamos al capítulo de Freud, y conocemos del poder del inconsciente. Capítulo en el que Alberto, profesor de filosofía, explica a Sofía cómo, éste, actúa en nosotros. Él hace hincapié en que debemos permanecer atentos para poder descifrar lo que se escapa de ese lugar y descubrir, así, aquello que llega escondido detrás de las palabras. Para aprender a leer, en entre líneas, lo que fluye a través de la puerta semi abierta del inconsciente. Esto tiene más efecto en aquellas personas que tratamos de conocer sobre psicoanálisis y Freud. En las que buscamos descubrir que hay de verdad en los mitos, los complejos, el de Electra, por ejemplo; o nos interesamos en los seminarios de Lacan. Por otro lado, siempre resultará fascínate este tipo de relación, por su ingrediente prohibido. Uno de los primeros referentes cercanos, que tenemos de esta clase de relación, con esa diferencia de edad, entre un hombre y una mujer, nos llega de Vladimir Nobokov, con su Lolita. Lo relacioné, de inmediato, porque, fonéticamente, me suena muy parecido el nombre de Alberto al de Humbert: personaje que se obsesiona con Lolita. Si bien es cierto hay una relación de atracción sexual, entre Lolita y Humbert, y otra muy diferente, enmarcada dentro del plano intelectual, entre Sofía y Alberto, es cierto también que las dos dan cuenta de una forma de conocimiento. En ambas se involucra al cuerpo, la empatía, el saber y el plus de gozar. Entre Sofía y Alberto existe un goce que los une; goce que está en relación directa con el lenguaje; vinculado con el leer o escuchar palabras. Y no me deja de resultar intrigante, la coincidencia de haber encontrado la dedicatoria de Roberto, cuyo nombre tiene los mismos acordes musicales de los nombres de Humbert y Alberto. Además, que toda esta recopilación de cartas, escritas tan lejos de mi entorno, y que forman el texto de “El Mundo de Sophie”, me haya llegado en formato de libro: tal como le pasa a Sofía, quien regresa a casa con el regalo de Alberto bajo el brazo.

En “El Mundo de Sofía” tomamos consciencia cuánto nos une a las estrellas, con ellas compartimos muchos elementos. Esta realidad también pertenece a Sophie, Hilda,  Alberto, y abarca a la naturaleza con sus diversas manifestaciones: Al bosque con sus misterios, peligros, y magia. Su lago lleno de flores, lugar dónde la ficción toma cuerpo y se enlaza con las caras de lo real, y con la filosofía. Ese mundo da cabida a diferentes personajes quienes cambiaron nuestra forma de mirar el mundo, su alrededor, y al otro ser humano: conocerlos, saber algo más de ellos, fortifica seguridad en uno mismo y la identidad. Somos residentes pasajeros de este mundo de realidades paralelas, regido por la física y la mecánica cuántica, lugar donde se conjuga todo: los sueños, las diversas caras de lo real, y la ficción: nadie puede saber si esto que palpamos es real, o tan solo un espejismo, o una narración que se proyecta desde Noruega, o desde Copenhague. Pero sí estamos conscientes de que somos el eslabón de una cadena que seguirá avanzando.

Al adentrarnos en ese mundo de Alberto, Hilda, Sofía,  y la filosofía, nos enteramos de que a pesar de las condiciones de una época difícil, nada propicia para la mujer, sí hubo una que sobresalió y pudo, gracias a ciertas ventajas de nacimiento, desarrollar sus talentos. La religiosa, filósofa de la Edad Media, Hildegard de Bingen, se dedicó a estudiar la naturaleza, la botánica; fue escritora y dedicó mucho de su vida a la medicina, y a curar enfermos. Experimentaba visiones, inexplicables, ella será punto de inspiración y partida para crear el personaje de Hilda, quien, también, puede percibir que en su vida “real” hay intromisión del mundo de la ficción: del de Sofía y de Alberto.

Me intrigó, y lo acepto gustosa, la afirmación encontrada en una vieja concepción cristina y judía, según la cual, Dios no es solamente hombre, sino que tiene, también, un rasgo femenino: una “naturaleza maternal”,  gracias a la cual las mujeres somos creadas a imagen y semejanza de Dios. Según Alberto ese costado femenino de Dios, en griego, se nombra<< Sophia>>, y significa<< sabiduría>>.

“El Mundo de Sofía” resulta ser, también, en mucho, una reflexión sobre el acto creativo y la actividad de escribir. Está presente un análisis sobre lo que pasa con los personajes, en el momento de la narración. Ellos comentan lo qué hacen y dicen, frente a lo que realmente quieren hacer y decir. Se descubrirá cuánto son capaces de manipular al autor, y hacerle decir, sin que él se dé cuenta, los asuntos de su inconsciente.

Sofía y Alberto deciden escapar de su destino de personajes, hacen una “acting out”, como diría Lacan, y se fugan. Se rebelan para ir a vivir libres “en el mundo de los invisibles”, de los inmortales,  para actuar a su libre albedrío. Escapan para no seguir siendo “las marionetas” de Alberto, padre de Hilda, autor de la novela: huyen, de esa manera, de la ley del padre.

En la novela “El Mundo de Sofía” hay cruces, e intercambios de roles, entre personajes. El autor es, por ejemplo, manipulado por su hija Hilda y se convierte en un personaje más,  luego hace el rol de Alberto: termina explicando a su hija Hilda sobre filosofía. En esa segunda parte caemos en cuenta que habíamos  estado leyendo la narración que Alberto, padre de Hilda, había escrito y enviado a su hija Hilda, por sus quince años. Texto, hecho novela, que los personajes, a la salida de una de sus citas en un café, descubren en una librería. Alberto compa la novela, que relata la vida de Sofía,  y se lo obsequia. En Don Quijote, de Cervantes, ya gozamos de esta imagen. En la segunda parte de esa obra, se sabe de Don Quijote, comentando el éxito del libro, que narra sus aventuras.

Ahora en febrero del 2013 que formo parte de un nuevo cartel, y estoy trabajando sobre el “deseo del personaje”, retomé “El Mundo de Sofía”. Esta vez, caigo en cuenta de un detalle: en las narraciones de Borges, en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, también está el reto de la experiencia ante la intromisión de objetos y elementos de las otras dimensiones. Acá, igual, en “El Mundo de Sofía”, hay objetos que se le pierden a Hilda y aparecen en la otra realidad, en la de Sofía. Por eso, no me sorprende, en nada, que estas cartas hayan viajado tanto, para llegar a mis manos. Estén en Guayaquil, que es la puerta de Las Galápagos, Islas donde Darwin pudo confirmar sus teorías. Pero, las cartas que conservo en mi poder, son robadas: le saque fotocopia al libro de Rina. Cartas robadas que me recuerdan a Lacan y su pasión por ese cuento de Poe. Estas cartas llegaron a su destino, y tienen un Destino.

 

Los libros de Luzrosario Aráujo G. los puedes adquirir entrando a estos links:

 

La cama mágica dos

http://www.amazon.com/dp/B01CF47KL0?ref_=pe_2427780_160035660

 

Con licencia de ficción

http://www.amazon.com/dp/B01CB1SMGO?ref_=pe_2427780_160035660

 

La gran simuladora

http://www.amazon.com/dp/B01CLV9SXA?ref_=pe_2427780_160035660

Read Full Post »

SEGUIRÉ

 Pizarnik 25

 

“Aromas del goce en las huellas del cuerpo, en la poesía de Alejandra Pizarnik”

La atracción que produce en mí la forma de estructurar sus versos, no coloca signo de puntuación y los deja con la apariencia de que están sueltos, no hilvanados, ni relacionados, es lo que me atrae e impulsa a trabajar los poemas de Alejandra Pizarnik. Comprender la intención que llevan sus versos no es asunto fácil, y sólo leyéndolos varias veces, con mucha atención, y como si fueran un cuento, puedo descubrir cómo forman un todo; puedo elucubrar sus intenciones. Alejandra Pizarnik no pone punto final a sus trabajos, y empieza sus poemas con letras minúsculas, detalles que permiten elucubrar que un poema es la continuación de otro. No realiza ruptura alguna entre uno y otro verso, ni entre uno u otro poema.

Su poema SEGUIRÉ no es una excepción. 

roto marco centra este todo/ de árbol castrado llorando/ medir cada paso a lo largo/si no se perturba la luna/la luz redonda blancuras / de nabos rallados/tirar cada envoltura/ si no se distorsiona lo negro/la música enrojece la ruta/ de cada pequeño húmedo/girar girar girar/ percibir junto al marco roto/ sentires de tacos y muelas/ querer agarrarlo todo. Los rasgos antes señalados muestran el carácter circular de su poesía, en todos ellos encajan bien los versos: girar, girar, girar, de este poema.

El año pasado, 2012, en el cartel “Temas varios de psicoanálisis” analicé algunos de sus trabajos; experiencia que me permite afirmar que en sus poemas está presente el cuerpo, un cuerpo en su plan de goce con la palabra y el acto creativo; implicando a todos los sentidos, y en comunión con la naturaleza y los colores. A través de la lectura y el análisis de sus poemas como: Dibujo, Mi bosque, Días contra el ensueño, Humo, Tratando a la sombra roja, Hombre común, Reminiscencia quirománticas, Poema a mi papel, Reminiscencias, Ser incoloro, Vagar en lo opaco y Seguiré; intenté descubrir, y seguir las huellas que habían dejado ahí el cuerpo y el goce de su autora.

La poesía es el arte de la seducción, Alejandra Pizarnik en ese espacio de malos entendidos nos mantiene encantados e inquietos. En todos sus poemas se vale del ingrediente misterio, que guardan las palabras, para lograr que se caiga en esa red;  al fondo de ese vacío, creado por la incapacidad del lector al no poder descifrar a cabalidad la intención de sus versos, aprendí que los poemas se sienten, se los disfruta; se introduce en ellos no para entenderlos sino para sentirlos, y disfrutarlos.

En los versos que conforman su poema “Dibujo”, por ejemplo, nos lleva a pensar en un marco. El marco es uno de sus referentes y un símbolo recurrente en sus poemas. El marco que encuadra una vida, o el esbozo del acto de gozarla; el marco como dibujo-huella; lugar donde se plasman las vivencias, los detalles del cuerpo y del mundo.

En su poema “Humo” dice: marcos rozados en callado hueso/agitan un cocktail humeante/ miles de calorías desaparecen/ ante la repicante austeridad/ de los humos vistos de atrás/ dos manos de trébol roto/casi enredan los dientes separados/ y castigan las oscuras encías/. Luego de cada verso se hará necesario detenerse a pensar qué es lo que encierran esos versos; imperativo presente ante las múltiples posibilidades de interpretación que brinda cada uno, ¿de qué humo se trata?

 

Por su lado, en “Mi bosque”, está presente el goce que atesoran los deseos, en relación con las manifestaciones de los sentidos. Estos versos permiten al lector gozar con la mirada, gozar escuchando la voz que se escapa de los versos; versos que están relacionados con el oír y con el dejarse oír. El lector se encuentra frente a versos que lo inquietan y trasforman, porque son versos que pasan por el cuerpo y por el lenguaje. El poema como juego, como juego del lenguaje, y como laberinto poético.

En Reminiscencias Quirománticas, por ejemplo.

dos manos de flores pendientes resumen la

burda escultura de exóticas formas que

brillan vendiendo a las brujas el

augusto signo de vida por muerte

leyendo en las líneas las miles de

veces que vences o gimes o lloras o ríes o

emprendes camino a un paso fijo que

lucha en la noche repeliendo los

viles ataúdes que esgrime el fracaso

 

Sabemos que cuando dos cuerpos y miradas se encuentran ambos atesoran saberes y recuerdos. Uno los conserva también en las palmas de sus manos, y el otro como bagaje de su saber de vidente, pitonisa, o brujo. El encuentro deja un recuerdo que logra instalarse, mantenerse vivo a través del tiempo, y regresa luego hecho reminiscencia.

Platón nos enseñó que el alma no olvida, que la reminiscencia está anudada al conocimiento. Recordar, es entonces, volver a conocer; re-conocer las cosas y sus circunstancias. Es volver a gozar de las imágenes y del recuerdo, porque al actualizar el pasado se lo  vuelve a vivir; se re-vive dicho momento.

En el poema “Reminiscencias Quirománticas” la imagen de las dos manos de flores, apuntan a las palmas de la mano. Al resumen que delatan las huellas, los sucesos de una vida;  las que sólo necesitan de alguien que los descifre. Las líneas de las manos, para algunos, revelan nuestros deseos; los goces, las risas, los sueños frustrados, los entierros vividos, los retos, y todos nuestros fracasos.

Reminiscencia Quiromántica da vida a la dualidad voz y mirada. Saca a la luz al conocimiento innato que conserva el alma; versus la intuición y sapiencia de un otro llamado adivina o pitonisa. Esta poesía da cuenta del encuentro de dos cuerpos y dos almas en un tiempo y un mismo espacio, que dejó su rastro y conoce el camino de regreso.

Alejandra Pizarnik en sus poemas se permite crear imágenes en la mente del lector. Apela a su imaginación y a la magia de la palabra con el fin de que sus versos no sólo sean percibidos, vividos y sufridos sino que, además, esas imágenes y metáforas sean contempladas como una creación poética. Intenta que ese sentimiento vertido en sus versos, y percibido por el lector, sea evaluado de manera sensorial, en su pleno sentido poético.

Según Pablo Neruda en la raíz de toda creación poética existen dos cosas que deben predominar en la poesía, y que deben formar un todo unificado, que son: el sentimiento y la intuición. En su poema, “Reminiscencia”, la tarea poética de Alejandra Pizarnik consistió, precisamente, en configurar y expresar a la intuición y al sentimiento como un todo, una unidad. En este su poema, Reminiscencia, cuyo título es ya una metáfora, la voz poética expone sus recuerdos, muchos dolorosos; habla de la existencia, de los estragos que ocasiona el tiempo, y ciertas circunstancias en la vida. Eso sí, deja saber al lector que siempre habrá un “soleado rincón” dónde abrigarse. Habla de un otro, de esa presencia dan cuenta estos versos:

dos copas amarillas/dos gargantas raspadas/dos besos comunicantes de la visión de/una existencia a otra existencia/dos promesas gimientes de/tremendas locuacidades ajenas/dos promesas de no ser de sí ser de no ser/dos sueños jugando la ronda del sino en/derredor de un cosmos de/champagne amarillo blanquecino/dos miradas cerciorando la avidez de una estrella chiquita/.

En esta poesía Alejandra Pizarnik logra transmitir la índole de su propio sentimiento. Y en versos, como: caminaba trillada sobre pozo oscuro/los brillos lloraban a mis verdores/y yo miraba yo miraba/y el tiempo estranguló mi estrella; expone una situación de dolor que sofoca, y al tiempo que nos degrada.

En los seminarios 8 y 20 Jacques Lacan trabaja el cuerpo y el amor, lecturas que contribuyeron a que mi pregunta ¿qué es el amor?, cambiara por ¿quién es el amor?; puesto que los calificativos que se dan al amor apuntan a que es un individuo, más que una cosa.

En su Seminario 8, que trata sobre la Transferencia, en la lección “El resorte del Amor” Lacan comenta el “Banquete de Platón” y afirma que éste fue una especie de juego, una ceremonia, una reunión de gente de élite, un pretexto para una tertulia de intelectuales. Agatón, para festejar  el premio a uno de sus trabajos, reúne en su casa a sus amigos, y mientras les agasaja con comida y bebidas todos van disertando sobre Eros, tópico establecido previamente. Sócrates con su reconocido método dialéctico hace que Agatón caiga en contradicción en sus afirmaciones sobre el amor; humillación que suaviza al recurrir a Diotima con lo cual, deseándolo  o no, dio a la mujer el atributo de conocer mucho más sobre la vida y el amor; de poseer Diótima un conocimiento mucho más profundo y basto sobre Eros, el Amor, que los hombres ahí reunidos.

El poema SER INCOLORO, de Alejandra Pizarnik está dedicado al

(al conejito que se

comía las uñas)

Ahí, dice:

costura desclavada en mi caos humor diario

repiqueo infinito rayada

cadáveres llorosos mar salino

 

tu opacidad quitará fuentes de verde jabón

banderines colorados

en mano derecha de uñas comidas

El título “Ser incoloro” incluye a un ser y, así, se introduce en el poema al cuerpo. Incoloro hace referencia al agua; y ya sabemos cuán colorido resulta este elemento al  contacto con la luz. Y, en la palabra incoloro se abarca al Loro y al Oro.

Hablar del ser es mencionar al cuerpo y referirse a él es recordar también al amor. Hablar de un “ser” es hacer referencia a sus deseos, y a su goce; mucho más si el poema incluye una ofrenda. “Ser incoloro” está dedicado al conejito que se comía las uñas. Es una entrega y toda entrega porta un goce y un deseo de goce: tanto del que lo da como del que lo recibe. La dedicatoria, “al conejito que se comía las uñas”, remite a la boca, al tacto: al contacto de los dedos con los labios, a la sensualidad, al placer, al acto de comer; al banquete del amor.

En “Ser incoloro” están los sones; sus estrofas hacen referencia a la música, y a los sonidos. Hay un arpa que suena, y están los sollozos de los cadáveres, el ritmo del mar con su espuma de las fuentes de verde jabón. Sus versos tocan a seres que existen, porque sólo los que existen sufren, sollozan y dejan cadáveres. Sólo ellos pueden referir colores, escoger, o, tener preferencia por una de sus manos para comerle las uñas; sólo los que existen pueden hacer ofrendas de amor.

 

Los libros de Luzrosario Aráujo G. los puedes adquirir entrando a estos links:

 

La cama mágica dos

http://www.amazon.com/dp/B01CF47KL0?ref_=pe_2427780_160035660

 

Con licencia de ficción

http://www.amazon.com/dp/B01CB1SMGO?ref_=pe_2427780_160035660

 

La gran simuladora

http://www.amazon.com/dp/B01CLV9SXA?ref_=pe_2427780_160035660

Read Full Post »

 

MI BOSQUE

 

Alejandra Pizarnik

 

acumular deseos en plantas ingratas

referir lo tuyo

en verdor solemne

y entonces vendrán diez caballos

a tirar la cola al viento negro

moverán las hojas

sus crines mojadas

y vendrá la escuadra

redondeando versos

 

 

Ese “mi” en el título del poema invita a recordar al cuerpo en su relación con el goce. Aquel goce que atesora, deseos. Ese “mi” no se refiere a ningún goce ni deseos ajenos sino a uno personal. En el segundo verso: “referir lo tuyo” nos involucra.

Me quedo con la impresión de que en todo este poema está sugiriendo los diversos sentires del acto de escribir poesía. Deseo latente, de principio a fin, el cual no puede ser desligado del placer de gozar con las palabras.

La palabra bosque invita a imaginar un laberinto compuesto de árboles. Lleva a recordar los peligros que viven los protagonistas de los cuentos infantiles de hadas y demonios. Aquellos cuentos de niños huérfanos abandonados, dejados ahí contra su voluntad, a merced de su suerte y su propio ingenio. De acciones imprudentes como las del cuento La Caperucita Roja. Mi Bosque termina siendo una metáfora que permite visualizar y relacionar la factibilidad de una serie de aventuras o desventuras a la hora de introducirse en el acto de escribir.

El bosque representa imágenes reales como imaginarias con variadas contradicciones. Muchos se dirigen a este lugar a cazar o a reflexionar. Llegan en busca de consuelo, o para estar en contacto con lo más auténtico de sí mismos. Se va en busca de silencio, para leer o escribir; es la metáfora del mundo ajeno y bizarro. Lugar que atemoriza porque ahí está en juego la vida y la muerte. Y está en relación directa con los retos y los combates, se traten sobre la guerra o el amor. Ahí habitan no sólo los animales, los depredadores, sino también, en nuestra realidad, los terroristas y los narcotraficantes.

En el bosque el ser humano permanece en relación con las plantas. Y éstas hacen recordar a la mitología, a Dafne; a echar raíces. Nos permiten mirar nuestros orígenes. Recordar cómo dormimos: primero sobre un tronco, y luego como troncos. Es pensar en creación, en polinización. En crecimiento ordenado o desordenado.

Pero toda creación necesita y haga uso de la fuerza y el poderío. Y “diez caballos”, hacen referencia a la fuerza de ese poder: a los diez mejores.

Con el verso, “tirar la cola al viento negro”, me fui directamente al teatro de Picasso. Al “El deseo atrapado por la cola”. Porque con los versos: y entonces vendrán diez caballos/ a tirar la cola al viento negro”, pude recrear las mismas imágenes. De cómo se hace necesario tirar de los versos, aferrarse a ellos, atraparlos con fuerza por la cola cuando intentan escaparse.

Y vendrá la escuadra/ redondeando versos, escribe al final de “Mi Bosque”. La poetisa usa la palabra escuadra y en ella reconocemos una figura de medición. La poesía tiene también su propia regla para medir. Escuadra puede referirse a una unidad militar o la ecuestre, ambas se rigen por normas estrictas. Pero puede, igualmente, tratarse de la figura que sirve para dibujar otras figuras geométricas, para un trabajo cubista. En poesía, sólo caben elucubraciones…

 

Los libros de Luzrosario Aráujo G. los puedes adquirir entrando a estos links:

 

La cama mágica dos

http://www.amazon.com/dp/B01CF47KL0?ref_=pe_2427780_160035660

 

Con licencia de ficción

http://www.amazon.com/dp/B01CB1SMGO?ref_=pe_2427780_160035660

 

La gran simuladora

http://www.amazon.com/dp/B01CLV9SXA?ref_=pe_2427780_160035660

Read Full Post »

 

Poema a mi papel

Alejandra Pizarnik

 

leyendo propios poemas

penas impresas trascendencias cotidianas

sonrisa orgullosa equívoco perdonado

es mío es mío es mío!

leyendo letra cursiva

latir interior alegre

sentir que la dicha se coagula

o bien o mal o bien

extrañeza de sentirse innatos

cáliz armonioso y autónomo

límite en dedo gordo de pie cansado y

pelo lavado en rizosa cabeza

no importa:

es mío es mío es mío!!

 

 

extrañeza de sentirse innatos, ¡qué afirmación! “Poema a mi papel” pone en evidencia un juego de palabras: contrapone lo trascendente que encierra la esencia de un poema, con lo efímero e intrascendente de lo que significa la palabra “papel”, o el objeto mismo. Éste es un poema dedicado, “A mi papel”. Y siempre que me encuentro frente a un trabajo de Pizarnik me surge la pregunta, ¿a qué se refiere? ¿Al papel, o al “papel” de poeta? Y me nace la duda porque percibo, que en todo este poema, la voz lírica me habla de su “papel” de poeta.

El poema empieza con un gerundio, leyendo; y así, de esa forma, se nos da la idea que lo que a continuación viene es consecuencia de esa acción de leer. Y en “Leyendo propios poemas”, como en penas impresas trascendencias cotidianasla autora, pero en su papel de lectora, descubre en esos versos escritas sus penas, lo cotidiano y todo aquello que deja trascender en dichas palabras. Traslucen al autor, deslizan sutilmente una idea de su estado. Son imágenes de su realidad, que se le escapan al autor, y que sólo puede intuir un lector sensible cuando hace una lectura detallista a través de las entre líneas, o los intersticios de los versos. Cuando pone en práctica su habilidad, o los conocimientos adquiridos como lector apasionado. Gracias a su lectura intuitiva, la que aprendió con auxilio de la percepción sensible, y el socorro de sus emociones y sentimientos. La voz poética nos dice cuánto hay de extrañeza de sentirse innatos, y así, nos está revelando que tiene cierta consciencia de haber nacido poeta. Y en sonrisas orgullosas equívocos perdonados, vislumbra la benevolencia con la que como autora acepta lo que es suyo; con benevolencia y una sonrisa, hasta los errores. Es mío es mío es mío, es mío es mío es mío!, dice la poetisa. Y con esta afirmación se reconoce.

Este poema hace referencia a Cáliz.  Recipiente sagrado que se utiliza para consagrar el vino en la misa. Pero también, es la cubierta exterior de una flor, lo delicado de ella; la que preserva dentro de sus entrañas la vida. Los dos conceptos llevan a pensar en trascendencia. A desear sentir que la dicha se coagula. La dicha al coagularse se petrifica. Esconde un deseo de goce, de poder vivir eternamente en ese estado. Y el deseo de que poema, como una roca, trascienda lo particular y el tiempo.  Trascender es una metáfora, significa ir más allá. Incluye, desde el punto de vista filosófico, la idea de superación o superioridad. La de sobresalir, pasar de «dentro» hacia «fuera» de un determinado ámbito; superar las limitación del encierro. Es ir más allá  de las cosas del mundo que conocemos, porque sólo de esa manera se llega a lo Universal.

Este poema tiene versos que nos recuerdan los límites que debe mantener un poema.  A pesar de comenzar como palabras enrolladas, como todo cabello recién lavado, “pelo lavado en rizosa cabeza”, los versos deben alisarse, acomodarse armoniosamente para lucir coherentes.  Deben quedar delimitados tal como delimita a un pie el dedo gordo. Y esta delimitación surge en la poesía sólo luego de un largo y cansado trajín con el papel.

 

Trabajo de Cartel.

 

Los libros de Luzrosario Aráujo G. los puedes adquirir entrando a estos links:

 

La cama mágica dos

http://www.amazon.com/dp/B01CF47KL0?ref_=pe_2427780_160035660

 

Con licencia de ficción

http://www.amazon.com/dp/B01CB1SMGO?ref_=pe_2427780_160035660

 

La gran simuladora

http://www.amazon.com/dp/B01CLV9SXA?ref_=pe_2427780_160035660

Read Full Post »

 

De Alejandra Pizarnik

 

Los poetas emplean el lenguaje figurado para crear imágenes en la mente del lector. Apelan a su imaginación y a la magia de la palabra. Toda poesía debe expresa una tensión sentimental dirigida hacía el lector con el fin de que lo expresado no sólo sea vivido y sufrido sino que, además, esas imágenes y metáforas sean contempladas como una creación poética.

El poeta busca que ese sentimiento vertido en sus versos y percibido por el lector sea evaluado de manera sensorial, en su pleno sentido poético. Y para lograr ese efecto el poeta se vale de símbolos, de la expresión indirecta, de la intuición sentimental, de todas las palabras, imágenes y metáforas en las que encuentre sugerencias, toques a la sensibilidad, a la  intuición y al poder sugestivo.

En el poema, por ejemplo,  REMINISCENCIAS, de Alejandra Pizarnik donde leemos:

y el tiempo estranguló mi estrella/cuatro números giran insidiosos/ ennegreciendo las confituras/y el tiempo estrangulo mi estrella/caminaba trillada sobre pozo oscuro/los brillos lloraban a mis verdores/y yo miraba yo miraba/y el tiempo estranguló mi estrella/recordar tres rugidos de/tiernas montañas y radios oscuras/dos copas amarillas/dos gargantas raspadas/dos besos comunicantes de la visión de/una existencia a otra existencia/dos promesas gimientes de/tremendas locuacidades ajenas/dos promesas de no ser de sí ser de no ser/dos sueños jugando la ronda del sino en/derredor de un cosmos de/champagne amarillo blanquecino/dos miradas cerciorando la avidez de una estrella chiquita/y el tiempo estranguló mi estrella/cuatro números ríen en volteretas desabridas/muere uno/nace otro/y el tiempo estrangulo mi estrella/sones de nenúfares/ ardientes/desconectan mis futuras sombras/un vaho desconcertante rellena/mi soleado rincón/la sombra del sol tritura/la esfinge de mi estrella/las promesas se coagulan/frente al signo de estrellas estranguladas/y el tiempo estranguló mi estrella/pero su esencia existirá/en mi intemporal interior/brilla esencia de mi estrella!

Según Pablo Neruda, en la raíz de toda creación poética existen dos cosas que deben predominar en la poesía y que deben formar un todo unificado, que son: el sentimiento y la intuición. Este poema Reminiscencia descubre que la tarea poética de Pizarnik consistió, precisamente, en configurar y expresar a la intuición y al sentimiento como un todo, una unidad. En este su poema, Reminiscencia, cuyo título es ya una metáfora, la voz poética expone sus recuerdos, muchos de ellos dolorosos; habla de la existencia, de los estragos que ocasiona el tiempo, y muchas de las circunstancias en la vida, Pero pase lo que pase, esa voz poética deja saber al lector, que siempre existe un “soleado rincón” dónde abrigarse. Es el lector quien a través de los versos, las metáforas y las imágenes y el lenguaje figurado va intuyendo la vida de la voz poética a quién se la escucha hablar de la existencia de un otro, cuya presencia es constante en el poema. De esa otra presencia dan cuenta estos versos:

dos copas amarillas/dos gargantas raspadas/dos besos comunicantes de la visión de/una existencia a otra existencia/dos promesas gimientes de/tremendas locuacidades ajenas/dos promesas de no ser de sí ser de no ser/dos sueños jugando la ronda del sino en/derredor de un cosmos de/champagne amarillo blanquecino/dos miradas cerciorando la avidez de una estrella chiquita/

 

La voz poética habla de una persona que muchas veces se sintió estrangulada, ahogada, pero a veces también en libertad, abrigada, llena de sueños. Ese detalle se vislumbra en el último verso del poema en el que se lee: brilla esencia de mi estrella!  Y todos sabemos que las estrellas brillan en el infinito en libertad; todos los seres estamos constituidos con sus elementos, esa esencia es la que persiste en cada uno de nosotros.

Reminiscencia, es una poesía llena de misterios, como lo es la vida misma. Resulta muy difícil intuir a qué se refieren estos versos: cuatro números giran insidiosos. Se podría intuir que son los dos pares de ojos de la pareja.

Pizarnik en esta poesía logra transmitir, en una forma  original, la índole de su propio sentimiento. A través de las figuras literarias que utiliza ha sabido expresar la peculiar intuición de la realidad en la que su sentimiento se objetiva, ya ha podido penetrar en la intuición de sus lectores para que lo pudiéramos captar.

 

En estos versos: dos promesas gimientes de/ tremendas locuacidades ajenas/dos promesas de no ser de sí ser de no ser/dos sueños jugando la ronda del sino en/derredor de un cosmos de/champagne amarillo blanquecino/dos miradas cerciorando la avidez de una/estrella chiquita. Se clarifica la intención poética,  la voz lírica habla de la vida misma, utiliza versos que dan a conocer y presagian la presencia de sentimiento de dolor. Exponen una situación que sofoca a la voz poética, y vaticina el poder del tiempo, que el tiempo tiene una fuerza que provoca una continua desintegración y degradación sobre los sujetos. Tiene versos como: caminaba trillada sobre pozo oscuro/los brillos lloraban a mis verdores/y yo miraba yo miraba/y el tiempo estranguló mi estrella, que presentan imágenes de cosas oscuras, desgastadas, quebradas, envejecidas, envilecidas, sórdidas, trocadas en ruina. Imágenes que surgen del esfuerzo de poetizar una situación de dolor, o un momento, temido, que se viene irremediablemente sobre uno. En los versos que forman parte de Reminiscencia la poetisa se entrega y entrega al lector sus sentimientos y el efecto de su emoción, los que están llenos de una extrema ambigüedad y complejidad.

 

Los libros de Luzrosario Aráujo G. los puedes adquirir entrando a estos links:

 

La cama mágica dos

http://www.amazon.com/dp/B01CF47KL0?ref_=pe_2427780_160035660

 

Con licencia de ficción

http://www.amazon.com/dp/B01CB1SMGO?ref_=pe_2427780_160035660

 

La gran simuladora

http://www.amazon.com/dp/B01CLV9SXA?ref_=pe_2427780_160035660

Read Full Post »


Intentar  responder o querer saber qué es el Amor es una inquietud actual planteada por el hombre como por la mujer, a través de todos los tiempos. ¿Qué es el amor?, nos preguntamos continuamente aunque fuese preferible plantearse, ¿quién es el amor?, porque los calificativos que se le dan apuntan más hacia un individuo, que a una cosa.

Intentar decir algo, aquí, sobre el amor surgió a raíz de la respuesta que una madrugada escuché dar, en un programa de televisión, a un filósofo español; afirmó algo parecido a esto: me gustaría que me recordaran por las personas que he amado, por la intensidad  y la calidad de mis sentimientos; soy y siempre fui alguien que ama y amó mucho. Por supuesto que de inmediato me enamoré de dicho filósofo. Su declaración inyectó adrenalina a mi insomnio y me impulsó de la cama para ir en busca del Banquete, de Plantón.

Lacan en su Seminario 8, que trata sobre la Transferencia, en la lección “El resorte del Amor” hace un minucioso análisis de este singular Banquete y nos comenta que éste fue una ceremonia, un juego de gente de élite, un pretexto para hablar sobre un tema pre establecido; una tertulia de intelectuales.

Con motivo de la celebración del premio por uno de sus trabajos, Agatón reúne a sus amigos en su casa y mientras sus esclavos les agasajen con comida y bebida, cada uno de ellos va exponiendo sus comentarios sobre Eros, tópico previamente establecido para dicha reunión. El grupo formado por filósofos, artistas y un científico es para envidiar. Envidia, palabra, en este caso, sin ninguna connotación negativa sino, más bien, en el sentido de deseo, “deseo de estar ahí”.

Cada una de las exposiciones fue poniendo a funcionar en mí sensaciones y sensibilidades que realmente soy incapaz explicar el cómo. Sócrates con su reconocido método dialéctico logró que Agatón cayera en contradicción, con lo que acababa de afirmar en su discurso. Suavizó la humillación del homenajeado al recurrir a Diotima con lo cual, deseándolo  o no, dio a la mujer el atributo de conocer mucho más sobre el amor que todos los presentes,  incluido él mismo. De poseer ella un conocimiento mucho más profundo y basto sobre Eros; el Amor.  Sócrates, como sólo sabe que no sabe nada, desempeña frente a Diotima el rol de aprendiz. La utiliza como recurso para transmitir “verdades” sobre Eros.  De esa manera él no afirma nada, únicamente transmite una conversación; lo que Diotima le enseñó en una de sus charlas. Con este artilugio nadie le puede cuestionar; ningún otro filósofo puede usar el mismo método dialéctico que comúnmente él utiliza  para provocar una contradicción. Afirma en su discurso: <<Tales fueron las lecciones que me dio Diotima en una de nuestras conversaciones sobre el amor>>.

Agatón en su intervención presenta a Eros, el amor, como joven y bello. En su exposición afirma que el amor siempre persigue y desea permanecer con la juventud y con la belleza. Pero Sócrates le hace reconocer una verdad: que sólo se puede desear lo que no se tiene, porque no se puede desear lo ya se tiene. Por lo tanto, le dice, si el amor persigue y desea con vehemencia la belleza y la juventud significa, por lógica, que él carece justamente de esas cualidades; por lo tanto, el amor ni es bello ni es joven. Y mucho más, si persigue lo bueno; también carece de bondad.

Pronto, El Banquete, más que en una alabanza se convierte en una exposición y desnudamiento de Eros. Con el recurso de Diotima de quien, según Sócrates, él recibe todos sus conocimientos sobre el tema, conocemos hasta cómo fue engendrado. Se nos cuenta que en la fiesta por el nacimiento de Afrodita, a la que asistió Poros, dios de los Recursos, Penia, La pobreza, se colocó en la puerta a mendigar. Luego Poros, embriagado, se fue a descansar en el jardín y ahí le venció el sueño. Cuando lo descubrió Penia  llevada por su carencia total, decidió “lograrse” un hijo de él. Y engendró a Eros. Por esa razón, porque fue concebido el día que nació Afrodita, el amor se hizo compañero y servidor de ella.

Vuelvo a remarcar la sorpresa que me llevé en la exposición de Sócrates y ello radica en el rol que le atribuye a Diotima. Desde el momento que la menciona ella aparece tomando su lugar; es quien hace las preguntas.  Ella resulta ser, a mi parecer, una especie de alter yo, femenino, del filósofo. Como ya dije, me parece una maniobra táctica; ella pregunta, Sócrates responde y  nadie puede cuestionar nada.

De la conversación con Diotima se nos introduce la duda de si Eros es un dios o un demonio, esto como resultado lógico de aceptar que Eros no es ni bello, ni bueno, ni joven. Si no es nada de aquello, por lo tanto, se nos dice, que tampoco puede ser un dios, porque no existe dios feo. Y es Diotima quien aclara a Sócrates que todas estas confusiones sobre Eros, el amor, se dan porque solemos “conjeturar que el amor es lo que es amado y no lo que ama”.

Diotima termina delatando secretos de Eros, dice: El amor es desear una cosa, una cosa que no se tiene. El objeto del amor es la generación y la producción de belleza. Y como “la sabiduría es una de las cosas más bellas del mundo, y, como Eros ama lo que es bello, es preciso concluir que Eros es amante de la sabiduría, es decir, filósofo, y como tal se halla en un medio entre el sabio y el ignorante. A su nacimiento lo debe, porque es hijo de un padre sabio y rico, y de una madre que no es ni rica ni sabia. Tal es mi querido Sócrates, la naturaleza de este demon”.

Demonio, o dios, Eros, el amor, es alguien importante y trascendental en nuestras vidas.  Su motor puede ser tan poderoso y potente como para impulsarnos a hacer cosas para trascender. Eros, como bien nos aclara Diotima, está ligado a querer poseer por siempre las cosas buenas que nos ofrece la vida.  Está adherido a la creatividad, por lo tanto, a dar vida a algo que no existía antes. Y como Eros, el amor, está siempre del lado de Afrodita, como resultado, aunque sea por ósmosis, a todos nos impulsa a “la producción de la belleza, ya mediante el cuerpo, ya mediante el alma”.

Read Full Post »

Older Posts »