Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 29 agosto 2016

RAMONA

Camino a casa

 

Un día encontré debajo de la puerta de mi casa una esquela con saludos de una pareja amigos de mi ex, Ramón, a quienes no veía desde hacía mucho tiempo. Habían llegado del extranjero y me invitaban a compartir un almuerzo con ellos. Revisé el número telefónico del hotel en el que se hospedaban y traté de contactarlos. Eran pasadas las diez  de la noche cuando los llamé; la recepcionista me indicó que ellos no se encontraban y que no habían regresado al hotel desde la mañana, temprano, que habían salido.

Al día siguiente intenté nuevamente comunicarme con ellos y la recepcionista del hotel me repitió las palabras de la noche anterior, ellos no estaban; pero habían dejado indicado que si yo llamaba que me dijeran que me invitaban a almorzar.

Antes de pasar por el hotel a visitarlos, aproveché la mañana para recorrer almacenes, tratando de encontrar un regalo para la pareja, finalmente caí en lo de siempre; me decidí por los libros.

Llegué al hotel a la hora en que me habían citado, un conserje me hizo pasar y esperar a la pareja bajo la sombra de un parasol, al lado de la piscina. Mientras me servían el aperitivo dejé el paquete con los libros a un costado de la mesa, y mi atención se dirigió a la piscina. Me fijé en la sombra que estaba sumergida al fondo, en su ritmo delicado de pez humano que apenas movía la superficie del agua, y en el ovillo de colores que refractaba la luz; el cual se veía como un nudo enmarañado de brillos rojos, azules, amarillos y morados, que perseguían los bordes de la piscina.

Distrajo mi atención y mi mirada a ese fenómeno óptico la llegada de la pareja. Estaban irreconocibles, diferentes a la imagen que guardaba de ellos; él había perdido casi todo el cabello y ambos habían ganado varios kilos.

Me sorprendió saber que sería la única invitada a ese almuerzo, los abrazos que les di no disimularon mi extrañeza, y recordé que Ramón, de quien llevaba separada varios años, me los había presentado; él era el amigo de ellos, no yo. Y para romper el hielo de ese raro encuentro entregué a la mujer el paquete con los libros, le dije que había vuelto a caer en la rutina, que no sabía obsequiar otra cosa.

Se sentaron junto a mí, pero casi de inmediato sonó el celular de él. Luego de excusarse, para contestarlo, se alejó de la mesa sosteniendo en la mano uno de los libros que yo acababa de entregárselos, se acercó hasta el borde de la piscina, y se puso a hablar dándome la espalda.

Mientras yo observaba al hombre, su mujer no dejaba de hablarme. Advertí, sin querer, el aleteo de sus pestañas y capté los golpecitos que con sus uñas daba sobre la mesa: sin disimular intentaba evitar que siguiera observando a su marido.

El hombre intercalaba su conversación: dialogaba algunas veces con la sombra, que de rato en rato emergía de la piscina, que hacía poco yo había estado observando y, otras, con ese otro alguien a través del celular. Cuando terminó de hablar se acercó hasta la mesa donde yo acompañaba a su mujer y se excusó. De inmediato abandonó el hotel sin dar ninguna explicación.

Después del almuerzo, que finalmente lo compartimos las dos mujeres, me despedí para dirigirme a mi casa. Salí algo confundida por la situación, convencida de que algo se traían entre manos esa pareja.

Me dirigí a mi casa, pero para llegar a ella se tiene que atravesar un largo camino desolado que queda en pleno campo. Después de mi separación de Ramón me alejé también de la ciudad, busqué un lugar tranquilo, apacible donde vivir y dedicar mi tiempo a la escritura. Y cuando di con uno ideal, armé mi biblioteca, me llené de hojas, lápices y plumas. Pero en vano trasnochaba con las tasas repletas de café, los ojos fijos en el papel y la pluma pendiente de unas cuantas palabras coherentes; sin embargo, sólo lograba pequeñas anécdotas, líneas sin valor alguno; y a pesar de toda esa experiencia, literariamente improductiva, era feliz.

Salí de la ciudad y apenas me adentré en el camino desolado, divisé a unos metros a un grupo de personas merodeando por los alrededores, y a unos cuantos uniformados rodeando a un hombre tirado en el suelo. Pasé con dificultad bordeándolos, por un lado del camino, y aceleré lo más que pude para alejarme de ese lugar; no quería entorpecer el paso de la ambulancia que se la escuchaba llegar y estaba cerca.

Ya dentro de mi casa decidí olvidar ese día lleno de situaciones absurdas, incomprensibles, y me propuse ponerme a descansar; pero no pude. No pasó mucho tiempo que me había recostado en la cama para intentar leer a Cortázar cuando el timbre del teléfono, y de mi casa, me sacó de la concentración. Era la policía que llamaba a mi puerta para pedirme que, por favor, me acercara a la morgue para identificar un cuerpo que sospechaban era el de Ramón.

Me quedé petrificada, al escucharlos, sin cerrar la puerta corrí a lavarme la cara tratando de escapar de lo que suponía era un sueño, una pesadilla; pero fue inútil, no soñaba; dos policías estaban en mi casa. Ellos mismos se ofrecieron conducirme y acompañarme a la morgue.

Cuando llegamos, los policías me escoltaron hasta la sala de la morgue donde se encontraba el cuerpo que tenía que identificar. Recorrimos un pasadizo sombrío, que me pareció me llevaba hacia un patíbulo. Los agentes caminaban silenciosos expeliendo de sus cuerpos el olor de las docenas de cigarrillos que habían fumado en todo el día. Y yo caminaba como una sonámbula sin poder dilucidar qué había pasado con Ramón.

Cuando llegamos a una habitación, me hicieron pasar y acercar hasta una camilla, donde cubierto con una sábana estaba un cadáver. La sala estaba congelada, pero yo no notaba la diferencia que tenía con la temperatura de mi cuerpo. Mi corazón se inquietó mucho más, como bárbaro daba golpes dentro de mi pecho. Cuando dirigí la mirada al cadáver, mis vísceras se removieron porque reconocí en ese cuerpo acostado a mi ex; a Ramón.

Confirmé a los policías la identidad del muerto y ellos de inmediato me dijeron que Ramón había sido asesinado y que yo debía presentarme a sus oficinas para contestarles algunas preguntas y  hacer mi declaración. Estuve de acuerdo y les seguí.

Recién en la comisaría se me confirmó que era sospechosa de ese asesinato, se me acusaba de haber contratado a unos sicarios para asesinar a Ramón, pues yo era la única beneficiaria de su póliza de vida. Ramón, a pesar de nuestra separación, y de vivir con otra, nunca cambió el nombre de la beneficiaria de su póliza de novecientos mil dólares.

Me dijeron, además, que habían encontrado en poder de Ramón un libro con huellas digitales mías. Cuando me lo mostraron resultó ser uno de los libros que había acabado de comprar esa mañana para regalárselo a la pareja, amiga de Ramón, a la que había ido a buscar a ese hotel para almorzar.

Supe, de inmediato, que estaba en apuros. Ramón y yo no estábamos realmente divorciados, solo separados; y yo era la única beneficiaria de su póliza de vida, de casi un millón de dólares. Contesté a los policías todas las preguntas que me hicieron respecto a mis movimientos de esa mañana, de mi relación con aquella pareja a quién había obsequiado el libro, pasé la prueba del polígrafo; pero, aún así, se me prohibió abandonar el país.

Volví a casa abrumada, con miles de preguntas en la cabeza; no sabía explicarme quién me odiaba tanto como para involucrarme en ese asesinato, o quién odiaba a Ramón de esa manera. Por qué la policía creía que yo había contratado sicarios para matar a Ramón,  por qué me creía capaz de contratar a asesinos profesionales cuando mi ex y yo ya estábamos separados y llevábamos una buena relación: los dos, con el tiempo, habíamos olvidado esa famosa póliza de vida que yo terminé pagando.

Pero eso no era todo; durante mi ausencia alguien había deslizado por debajo de la puerta una nueva esquela. La recogí, e impaciente, me puse a leerla. Ésta decía: “Querida Ramona”. Me estremecí al reconocer ese apelativo tan personal; Ramón era el único que lo había usado durante nuestros años felices. Volví la mirada a la esquela para continuar con la lectura:

“Querida Ramona:

Te extrañará que te llame Ramona, pero no tengo otro apelativo para ti…”.

Pero cuando intenté seguir leyendo, lo que yo ya había escrito para la esquela, con el fin de continuar con este cuento, no pude…, un corte de energía había borrado toda la continuación del texto.

 

 

Los libros de Luzrosario Aráujo G. los puedes adquirir entrando a estos links:

 

La cama mágica dos

http://www.amazon.com/dp/B01CF47KL0?ref_=pe_2427780_160035660

 

Con licencia de ficción

http://www.amazon.com/dp/B01CB1SMGO?ref_=pe_2427780_160035660

 

La gran simuladora

http://www.amazon.com/dp/B01CLV9SXA?ref_=pe_2427780_160035660

 

A-Preciado Juan

http://www.amazon.com/dp/B01CUIT6XG?ref_=pe_2427780_160035660

 

A-Continuación

http://www.amazon.com/dp/B01D1WU1U2?ref_=pe_2427780_160035660

Anuncios

Read Full Post »

COLECCIONO

Colecciono recuerdos

 

                        los despojos

                                  que encuentro

                         en los caminos que recorro.

                                                         Los descubro y

                            contemplo en las palmas de mis manos

                                                extasiada sus colores y

                                          formas caprichosas.

II

  Tienen siglos de experiencia,

y  parecen no decir nada;

                       sus secretos los resguardan en gruesas envolturas,

                            indiferentes a la gente, y no a las palabras.

III

                               Retrotraen los secretos de la vida y los

que nos oculta la muerte;

las primaveras y

los otoños que han sobrevivido.

                                                       IV

                                   Resisten tempestades y temblores

                                         existen en los reinos de arriba y muy abajo,

caen, o emergen, para ser visibles

                y hablar de sí mismas

                     y contar del universo

                            V

          Con un grito largo y silencioso,

                     que es el lenguaje de los constructores,

           van  marcando el paso de todos

                 por la ruta  del tiempo

                         hacia la inmortalidad

                          de la muerte.

 

 

Los libros de Luzrosario Aráujo G. los puedes adquirir entrando a estos links:

 

La cama mágica dos

http://www.amazon.com/dp/B01CF47KL0?ref_=pe_2427780_160035660

 

Con licencia de ficción

http://www.amazon.com/dp/B01CB1SMGO?ref_=pe_2427780_160035660

 

La gran simuladora

http://www.amazon.com/dp/B01CLV9SXA?ref_=pe_2427780_160035660

 

A-Preciado Juan

http://www.amazon.com/dp/B01CUIT6XG?ref_=pe_2427780_160035660

 

A-Continuación

http://www.amazon.com/dp/B01D1WU1U2?ref_=pe_2427780_160035660

 

 

https://luzrosarioaraujo.wordpress.com/2016/07/18/la-curva/

Read Full Post »