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Archive for 9 marzo 2014

 

Luzrosario Araujo G. y Gilda Holst

Una de las experiencias más gratificantes de mi vida, y que quedará como un recuerdo imperecedero, son los momentos que pasé entrevistando A Gilda Holst, escucharla hablar de su vida y de literatura me llevó a desear conocer más de ese mundo fascínate que es el del creador de textos de ficción. Haber tenido la oportunidad de entrevistarla, de indagar un poco sobre su experiencia profesional, lograr datos inéditos de su vida, en forma directa, dejó huellas imperecederas,  y marcaron mi experiencia vivencial y profesional.

Logré que la escritora, docente en la Universidad Católica Santiago de Guayaquil, aceptara ser entrevistada por mí. Sé que a Gilda no le gusta pasar por este tipo de situaciones, la incomodan, y debido a que conocía ese antecedente mi temor de que no aceptara mi propuesta era considerable. Pero me tranquilizaban alguna unas ventajas, hacía algunos años había compartido un evento con ella, nuestros cuentos forman parte de una Antología Ecuatoriano- Peruano,  trabajo de un amigo en común, Daniel Loarte, vicecónsul en ese momento del Perú en Guayaquil, lo hizo para conmemorar los diez años de paz entre estos dos países. Además, ella había sido mi profesora de algunas materias de Literatura, en la Universidad Católica Santiago de Guayaquil cuando asistía como alumna libre. Mis temores fueron infundados, Gilda aceptó de buena gana pasar por la entrevista que comporto con ustedes.

 LR.- Gilda, usted es guayaquileña, ¿pero, me podría aclarar sobre su apellido Holst, de dónde proviene?

G.H.- Es de Dinamarca, mi abuelo y mi padre eran de Ebeltoft, un pueblito costero al norte de  Jutland.  No lo conozco, traté de ir la última vez que fui, en el 2002, pero se complicaron las cosas y no llegué.

LR.- ¿Ha ido otras veces?

De chica dos veces, y cuando me gradué de bachiller estuve allá casi un año. No aprendí a hablar en danés, aunque tomé clases, sólo sé algunas frases, aunque puedo distinguir el danés del sueco y el noruego. Estuve en Helsingor, donde está el castillo de Kronborg, el de Hamlet,  en un colegio internacional, se hablaba inglés, conocí gente de todo el mundo, Gabón, Ceylán, Japón, Zimbabwe, Inglaterra, E.U, yo era la única latinoamericana, fue una experiencia increíble. Cuando llegué al colegio, creo que mis compañeros esperaban un guerrillera, y yo llegué con todo mi aspecto danés y en el mercedes de mi tío. Era una época que todos los uruguayos que te encontrabas eran tupamaros, casi todos los gringos habían estado en Woodstock. Una vez fuimos a la embajada china y nos regalaron el librito rojo de Mao.  Fue un año que leí ensayo en su mayoría, “Enseñando como una actividad subversiva”, la biografía de Malcolm X, La muralla tiene dos lados sobre China, a Eldridge Cleaver, James Balwin, a Karen Blixen, la escritora danesa.

LR.- Leí en un artículo Corina Mathieu, de la Universidad de Nevada, indica que usted afirmó: Mi primer impacto artístico fue de muy chica. Era un libro de imágenes. Se veía un dibujo con una leyenda que alguien que me lo leía. Luego el libro se ponía al revés y del mismo dibujo aparecía, mágicamente, otra figura. El libro se llamaba Topsys & Turvys de P. Newell.  El segundo impacto fue una figura de Agatha Christie donde el narrador resultó ser el asesino que desbarató mi confianza para siempre. Por último, La gallina degollada, de Horacio  Quiroga que me mantuvo angustiada mucho tiempo pensando qué pasó después (158-159).

LR.- ¿Me puede comentar algo más sobre esos recuerdos?

G.H.- Te comento de dónde Corina Mathieu me citó, fue de un libro de Edgar Freire, un librero increíble de Quito, “Los libros en mi vida” se llama el libro,  fueron, son entrevistas a más de cien personas sobre nuestra  relación con el libro y la lectura, por el 94, yo sólo había publicado mi primer libro y estaba encantada que me escogiera, creo que fue porque ya tenía la columna en la revista “La Otra” de reseña y comentario de libros. Esos impactos de lectura que aludo me cambiaron como lectora. La confianza ingenua en el narrador, que yo pensaba en esa época que era casi el autor, cambió, el narrador es un personaje más de la novela. El libro se llama “El asesinato de Roger Ackroyd” y acaba de ganarse un premio de novela policial. En todo este tiempo que ha pasado, me he enterado que topsy & turbys es una expresión inglesa común que quiere decir patas arriba, al revés, o un estado de turbación o confusión. Tal vez por eso mi segundo libro se llama “Turba de signos”, ja, ja, no, mentira,  en esa época ni sabía qué quería decir, pensé que eran nombres propios.

LR.- ¿“Turba de signos”?, lo buscaré.

     

LR.- Gilda: también me enteré que usted suele recibir en su casa por Navidad a sus amigas literatas. Y que por tradición usted les brinda arroz con leche  con “sorpresa” ¿Nos puede comentar algo sobre ello?

G.H.- La primera reunión fue sólo de mujeres de amigas literatas de la universidad, del taller, de la vida, fue en el 91, el año pasado encontré la invitación entre mis papeles, una tertulia literaria para BEBEDORAS (con mayúsculas) de té, chocolate y café ……y también cerveza y vino, después se amplió para los amigos que protestaron esa primera vez. No lo he hecho todos los años, la segunda invitación fue en el 94, y después ya no me acuerdo, la invitación la hacía por teléfono, la última vez fue en el 2008 o 10, creo, e invité a mis estudiantes.

     La tradición es de mi casa, mi mami siempre brindaba arroz con leche en la cena de Navidad y ponía una almendra en el postre, el que se sacaba la almendra recibía un regalo.

LR.- Una vez preguntaron a Borges ¿Qué espera de Borges? Y él respondió:

G.H.- No sé. Mi destino sigue siendo un misterio. Estoy ciego, la mayoría de mis contemporáneos han muerto; soy un hombre tímido y desde el año 55 ya no puedo leer, tengo que recitar cosas que se me ocurren… ¡Yo no sé cómo no aprendí el sistema braille! Eso habría cambiado toda mi vida. Si yo pudiera leer, pudiera escribir…, pero ahora es demasiado tarde, ni siquiera tengo la sensibilidad suficiente en los dedos. ¡Si, hubiera cambiado toda mi vida…!

LR.- Y usted, ¿qué diría si le planteasen la misma pregunta?

G.H.- Uy, ¿cuál pregunta? ¿qué espero de Holst en mi mediana y tercera edad? ¿O en un posible deterioro o ceguera? Si me quedo ciega, creo que le pediría a alguien que me lea libros, como Borges. En uno de mis cuentos de Bumerán un personaje cita una frase de una película, más o menos que la alternativa de no envejecer es morir, y dice que ella va envejecer. Yo también digo lo mismo, y en verdad, es toda una sorpresa esto de envejecer. Me encanta que las arrugas de mi frente sean más horizontales que verticales, según yo, me he asombrado más de lo que me he puesto brava.

LR.- En la solapa de su libro Bumerán usted nos narra la anécdota de Lorenza, la lora que un día apareció en su casa. Ahí afirma usted que su vida se parece al de ella. ¿Podría comentar cuáles son esos puntos en común?

G.H.- Puse que la autora se parece a Lorenza. Es una humorada, quise utilizar todos los espacios posibles de un libro para escribir como un cuento, ahí, en la solapa.  Lorenza sueña (de verdad, creo que algunas veces tiene hasta pesadillas), y se repite, yo también, todo el mundo, imita el sonido de las lagartijas que andan por las paredes y renuevan sus colas, yo también algunas veces ando por las paredes y las ventanas y por los techos y aspiro a renovarme y me gusta que me rasquen la cabeza. Algunas veces yo misma me rasco la cabeza porque no entiendo nada.

 

LR.- Nos podría contar un poco sobre su vocación literaria: ¿Dónde y cómo nació? ¿Cómo nació su primer libro?

G.H.-  La verdad, Rosario, es que yo sólo he dado a luz a mis dos hijos, ja.ja.  

     Soy lectora desde los once años, siempre he leído; escribía diarios, aunque eran más bien mensuales o anuales.  Pero fue indudablemente en la Escuela de Literatura de la Católica que empecé a escribir cuentos, en la cátedra de Composición y en un taller extra-curricular con Cecilia Vera. Publiqué varios cuentos de esa época en la revista “Cuadernos” de la facultad. En el taller de Miguel Donoso de la CC, ya pensé en la escritura separada de la U, o de una actividad vinculada a la carrera,  quería escribir y seguir escribiendo. Mi primer libro Más sin nombre que nunca, fue una recopilación de todos esos cuentos, no todos, por supuesto. 

LR.- ¿Cómo conviven o cómo se las ha arreglado con su trabajo de profesora y el de escritora en todos estos años?

G.H.- Pienso que bien,  he producido cuatro libros de ficción, cada 4 o 5 años, es lo que he podido, tal vez deberíamos extender a la ocupación y el tiempo de  mamá y de quehaceres de la casa, pero igual lo he disfrutado mucho y siempre he tenido ayuda. Me encanta ser profesora de literatura, conversar y debatir sobre libros y lecturas.  A ver, creo que me quejaría o me he quejado de las interrupciones o desconcentraciones, pero no he puesto -porque no he querido o podido, tal vez-, el pestillo en la puerta como decía Virginia Woolf.  

LR.-  Gilda, ¿nos podría contar algo su proceso creativo?

G.H.- Con placer, con dificultad, con placer. Trabajar con el lenguaje es todo un desafío, tratar de estar consciente de todos los sentidos posibles de las palabras (unas veces se consigue otras no) conseguir estructurar un cuento, planteando una inquietud, preocupación, maravilla, estupefacción que me concierne y que quiero transmitir o compartir con otros. Algunas veces parto de una frase escuchada o que se me ha ocurrido, inclusive de una sola palabra, otras de una anécdota o situación. Varía.

LR.- Para muchos escribir es un acto de exorcismo. En su caso, ¿alguno de sus cuentos, o su novela, ha cumplido esa función?

G.H.- Yo no usaría la palabra exorcismo, está demasiado vinculado a lo religioso o a la película, aunque para algunos escribir funcione como sacarse un mal o un dolor, que me parece bien. Creo que la escritura parte de un asombro, un deleite, un vacío, una perplejidad, dolor, indignación, un goce, un horror, algo que en algún momento te ha dejado enmudecida, y una trata de poner palabras, hacer una red, plantear un orden, una explicación, un juego, una pregunta, tender un puente sobre ese silencio, y mostrarlo y cubrirlo al mismo tiempo.

R.- Y ¿cómo escapa Gilda Holst de lo obvio cuando narra?

G.H.- ¿Yo?, me escapo por laberintos y juegos de palabras.

LR.- ¿Se encuentra comenzando un nuevo libro, tiene alguna temática en mente? ¿Por qué se toma tanto tiempo en publicar?

GH.- Hace nueve años ya, me embarqué en la revisión de mi tesis del 84 sobre Pablo Palacio para ver si la publicaba. La hipótesis planteada es que la supuesta novela perdida “Ojeras de virgen”, está efectivamente perdida pero dentro toda la obra de Palacio, y gira alrededor de Juan Montalvo.  Estoy, sigo intentando establecer la novela. Es una investigación, un desciframiento.  En el 98 se publicó “Un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos” y en el 2006 “El lugar y la fórmula”. Si tengo algunos cuentos escritos pero no alcanzan para un libro. Mi archivo sobre Palacio se titula “Escribir un árbol, plantar un libro” y pienso que si lo publico, lo titularía así, y si no logro concretarlo, siempre podré decir que me fui mucho por las ramas, ja, ja.  La verdad es que este año he avanzado bastante.

LR.- Qué interesante. Espero que lo publique, me gustaría leerlo.

LR.- Ahora, cuéntenos ¿Cómo nace “Bumerán”? ¿Alguna anécdota que nos puede contar al respecto?

 G.H.- Como mis otros dos libros de cuentos,  Bumerán es lo que trabajé en cuento corto durante 6 o 7 años, pero creo que es el más compacto de ellos, la mayoría de los cuentos están relacionados de alguna u otra forma, en pequeños indicios, pero son al mismo tiempo completamente independientes. Hay múltiples direcciones de sentido. He puesto datos autobiográficos, propositivamente, pero mezclados de tal forma con elementos ficcionales, que dejan de ser “hechos” “datos ciertos”, la misma Gilda Holst que aparece en Intermedio o Borrador, no soy yo.

     Y bueno, creo que es una reflexión sobre la vida, sobre lo cotidiano, el mundo, las relaciones humanas, sobre la propia escritura. Hay un homenaje también a escritores de Vanguardia. He trabajado diversos géneros, discursos, hasta un dibujo hay. Una sorpresa del libro para mi fue que, cuando lo estaba corrigiendo para publicar, me di cuenta que en casi todos los cuentos había una canción, me dio como alivio, pensé que si los lectores no encontraban fondo, por lo menos podían encontrar un fondo musical, ja, ja.

 

LR.- Eso es lo que siempre repito: que usted tiene un gran sentido del humor, como persona y como escritora. Además de contar con mucho ingenio.

LR.- Y al leer “Bumerán” me di cuenta que usted es muy observadora, muchos de sus cuentos están llenos anécdotas cotidianas, de sus relaciones, y el contacto con amigas. En “Chocledad o la tusa”,  narra una mañana en la playa. Ese cuento es una estampa de nuestra idiosincrasia guayaca: …parece que a las mujeres bellas y desoladas las creen con hambre y no sólo hambre sino hambre devoradora y no hubo un solo vendedor ambulante que pasara de largo: maní saladito, empanadas salteñas, <<ricas y sabrosas>>, piñas frescas, sandías rojas, agua de coco, rosquitas, barquillos, choclos tiernos, … Además, están impregnados de humor, ¿cuál es su secreto para lograr llevar esa experiencia a la literatura?

G.H.- Gracias, Rosario, por lo que dices. Creo que el humor es un poco poder reírse –de vez en cuando- de una misma. Un poco no más y de vez en cuando, ja.ja.

LR.-  ¿A cuál de esos cuentos de Bumerán considera el mejor logrado?

G.H.- No sé, Rosario, a mi me gusta “Paracaídas”, pero cada lector/a lo percibe diferente, me parece que todos tienen suficiencia estética. Me acuerdo que en mi primer libro, al hacer la selección de los cuentos que tenía, hubo uno que casi no lo pongo, y en el lanzamiento colectivo  – con Liliana Miraglia, Marcela Vintimilla y Livina Santos-,  en Riobamba, el que me comentó, escogió justamente ese cuento.   Imagínate mi sorpresa.

Ahora, en el cuento Intermedio o Borrador, he sido hasta premonitoria, ja, ja, hay una reflexión sobre la universidad y los títulos entre otras cosas  y   puse que estamos en la nueva era de la títulocracia, eso fue hace 8 años, cuando recién comenzaba y ahorita ya lo estamos viviendo en las universidades totalmente, con sus categorías, jerarquizaciones, reglamentaciones, yo diría casi kafkianas. Vigilar y castigar es el discurso predominante en todos los ámbitos. Es increíble cómo ha cambiado el lenguaje, los nuevos burócratas, por ejemplo, en vez de decir “más vale pájaro en mano, que cien volando”, ahora dicen: Más vale plumífero volador en fosa metacarpiana, que segunda potencia de diez pululando el espacio”

LR.- Sí, estamos viviendo la época de los papeles, los títulos con o sin garantía

LR.- En la viñeta “Liverpool o comportamiento dinámico de los suelos blandos y las zonas críticas, de  ese mismo cuento, la narradora comenta la explosión del Tungurahua y dice: .. “la de centenares de trabajadores barriendo las cenizas del aeropuerto, en la bruma, como fuera de este mundo, cada cual con su montoncito de cenizas y cada cual como en su propia dirección”.  Me recordó los restos de una cremación, las cenizas que se esparcen a su gusto con el viento. Ese cuento se enlaza, como algunos otros, con la historia de Bud y Angelina, la migrante de “Esplendor en la hierba”. El principio y el final de la vida; la finalidad de un texto, que es el de esparcirse, como un “resto”, a su antojo ¿esa es la idea?

G.H.- Me parece interesante tu idea o tu asociación. Lo que citas del cuento es el comentario de una foto en el aeropuerto de Quito que salió en el Universo, que es la foto de la portada del libro. Aunque yo no lo pensé o pensaría como una cremación.  El polisentido de las palabras conlleva la idea de esparcimiento, de propagación, y de enlaces y conexiones que el lector hace. Me gusta la idea de esparcimiento conectado diversión, también.

R.- Una amiga suya me contó que Ud. lanzó Bumerán en Australia ¿es cierto?

G.H.- Ja, ja, ¿quién te contó?, Me imagino quien. ja, ja. Es más o menos cierto. Sí, me llevé un libro de Bumerán con el ánimo de lanzarlo, ja, ja, …en la calle.  Pero por allá,  hay restricciones de lo que se tira a la calle -me podían haber metido presa-, y además estaba como lloviznando ese día, así que me dejé convencer por  el esposo de mi hija (fui para su matrimonio), de poner una nota explicativa de por qué tiro el libro en Australia y mi correo, y lo iba a dejar como olvidado en el restaurante donde estábamos y finalmente lo dejé en una cabina telefónica toda roja en el barrio The rock en Sydney. Hasta ahora nadie me ha escrito, ja, ja. Tal vez el efecto bumerán para una escritora de Bumerán es que no te lean!!, ja, ja.

LR.- ¿Ese efecto?, lo dudo. La anécdota puede servir para un cuento.

LR.- Gilda, me podría decir, ¿qué es ser narradora, y qué representa la literatura para usted?

G.H.- Para mi ser escritora es una interlocución crítica incesante, con las personas y el mundo, conmigo misma y con otros textos y discursos.   Pienso que la literatura es algo vital  es uno de los pocos discursos que te implican por entero tanto al escribir como al leer, faltas, emociones, sentimientos, deseo, frustraciones, incoherencias, cuerpo, intelecto, sueños, memoria. Además, la literatura desde siempre y con adelanto, poderosa y maravillosamente,  ha tematizado y visibilizado lo marginal, lo sordo o inaudible, lo popular, lo otro, lo reprimido o silenciado. Instaurada en el polisentido, en lo ficcional o lo  falso verdadero, hace circular saberes sin fetichizar a ninguno. Es lo opuesto a la propaganda y a la consigna, opuesto a textos o discursos maestros o sagrados o poseedores de la verdad absoluta.

R.- Y, a su criterio, ¿cuál es el ingrediente más importante a la hora de narrar?

G.H.- Siempre estoy  pensando, narrando en mi cabeza,  pero es indudable que a la hora de escribir necesitas estar sola, sin interrupciones.

R.- ¿Y, para que los ecuatorianos lean más a los autores nacionales qué se podría hacer?

G.H.- Para mí lo básico sería impulsar la cultura lectora. Yo regalaría libros en las escuelas, desde el kínder, para que tengan un contacto lo más temprano posible con los libros.

Sería bueno, pienso, que hubiera un lugar/librería donde estuvieran todos los libros que se van publicando en el Ecuador y que los escritores pudieran mandar sus libros a consignación, la labor editorial casi no existe en ese sentido, es difícil encontrar en las librerías a autores ecuatorianos de otras provincias.

R.- Y por último, Gilda, si alguien quiere ser escritor o escritora, ¿qué sugerencias le pude dar?

G.H.- Que lean, que sigan escribiendo. A mí me ayudó participar en los talleres, con la lectura colectiva –como leían y percibían los compañeros el cuento presentado-, y la lectura y observaciones  de Miguel Donoso, fui aprendiendo a hacer más eficaz en lo que quería decir en el cuento.

R.- Gilda, mil gracias. Ha sido un placer conversar con usted. Fue una experiencia enriquecedora. Espero que publique su libro y me invite. Mil gracias nuevamente.

 

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