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Archive for 16 agosto 2013

V. S. Naipaul

 

Ciento setenta y un páginas ha necesitado el narrador de Naipaul para que en “Una casa para el señor Biswas” pueda contarnos la historia de este personaje, quien es educado para ejercer de pandit, pero termina como periodista.

Incluso antes de conocerlo, antes de que naciera ya se escucha hablar del señor Biswas. Los lectores nos adentramos en detalles de la intimidad de la vida de sus padres cuando él estaba aún en el vientre. Indicios de cómo es la familia que lo acogerá, sus raíces, sus antepasados, sus costumbres y sus debilidades nos llegan  a través de voces que hablan, que se refieren en forma directamente o indirectamente de él. El narrador, omnisciente, pone al tanto al lector de los más mínimos detalles; de todo aquello que se relacionan con el personaje. Le escuchamos decir, por ejemplo:

Poco antes de que naciera el señor Biswas, hubo otra pelea entre su madre, Bipti, y su padre Raghu, y Bipti se llevó a sus tres hijos, andando bajo el ardiente sol hasta el pueblo en el que vivía su madre, Bissoondaye. Allí, Bipti lloró y contó la vieja historia de la tacañería de Raghú: que controlaba cada centavo que le daba, que contaba cada galleta de la lata, y que era capaz de caminar quince quilómetros  con tal de no pagar un penique por un carro.

Cuando interviene su abuelo es sólo para completar la imagen del panorama de su familia, la idea de lo que arrastran, el bagaje cultural extranjero y aquello que de alguna manera le espera al señor Biswas. Incorporándose apenas de la hamaca donde descansaba éste agregará: << El Destino. No se puede hacer nada.>> Y es el narrador quien nos aclara que:

Nadie le prestó la menor atención. El destino le había llevado de la India a la plantación de caña, le había avejentado rápidamente y le había dejado que muriese en una choza de barro a punto de desmoronarse en medio de los pantanos; sin embargo, hablaba del Destino con frecuencia y con afecto, como si, por el simple hecho de sobrevivir , fuera especialmente afortunado.

En “Una casa para el señor Biswas” se cuenta la vida de este personaje quien se ve atrapado en una maraña de situaciones que le llegan como carga,  una “herencia”, algo que no puede evadir, pero al mismo tiempo en la novela se lo descubre ingeniándose modos de sobrellevar su “suerte” hasta logra crear sus propias reglas; acepta unas veces su destino y otras se rebela con el fin de hacerse asimismo; a su gusto.

Cuando decidí trabajar el “Cuerpo” en los personajes de ficción e investigar cómo ciertos eventos repercuten en éste recordé “Una casa para el señor Biswas”. En esta novela está presente el cuerpo, el del señor Biswas el cual se va diseñando en cada página. En la novela, ese cuerpo, está presente en todas las etapas de la vida del personaje. Y se va armando poco a poco desde el interior de la novela y desde la intervención del lector: nadie se puede apropiar de la imagen personal que se hace cada lector del señor Biswas. Ni el propio narrador tiene el poder para corregirnos o contradecirnos.

De los psicoanalistas aprendí que el cuerpo es una constitución subjetiva: se nace con un cuerpo, pero éste se va construyendo poco a poco bajo la influencia que ejerce la mirada de los demás. La percepción que tengan los demás influenciará en la representación que cada quien se forme de sí mismo y de su cuerpo. Las palabras dejan huellas en uno y no sólo marcan al cuerpo sino que además contribuyen a que esta imagen pueda materializarse. En suma somos cómo somos y cómo nos ven los demás. Por eso, a través de la mirada que el narrador posa en los detalles de la familia del señor Biswas, las palabras que elige para narrar dichos acontecimientos y las reacciones propias del personaje ante una situación particular  van a ir construyendo al señor Biswas, le va armando su cuerpo, el cual es completado también con la mirada del lector de su historia.

El cuerpo del señor Biswas es el centro de la historia, alrededor del cual gira su vida y los demás acontecimientos de la novela. Lo que le afecta al cuerpo de este personaje redunda en su vida personal y viceversa. Lo comprendemos bien cuando en una de las primeras páginas el narrador, dice:

 Mientras el anciano seguía hablando, Bissoondaye llamó a la comadrona, preparó comida para los hijos de Bipti y le hizo la cama. Cuando llegó la comadrona, los niños estaban dormidos. Al cabo de un rato les despertaron los chillidos del señor Biswas  y los alaridos de la comadrona  —¿Pero qué niño es éste? ¿Con seis dedos y nacido al revés?

El anciano gimió  y Bissoondaye dijo:

Lo sabía. No tengo suerte.

Inmediatamente, a pesar de que era de noche y el camino estaba solitario, salió de la choza y se dirigió al pueblo más próximo, donde había un seto de cactos. Volvió con hojas de cactos, las cortó en tiras y colgó una tira sobre cada puerta, cada ventana, cada abertura por la que pudiese entrar un mal espíritu en la choza.

Pero la comadrona dijo:

Hagáis lo que hagáis, este niño devorará a su madre y a su padre.

—Sí, claro.

Nacido al revés o con seis dedos el señor Biswas conservará su estatus de señor. Desde antes que naciera y durante toda la novela; hiciera lo que hiciese el señor Biswas será siempre el señor Biswas.

También he aprendido que Lacan mira al cuerpo desde sus tres dimensiones, las cuales están unidos con un nudo borromeo: la dimensión imaginaria, la simbólica y la real. Cuando estamos frente al registro simbólico lo que lo marca son las palabras; le dejan huellas, y lo fragmentan. En lo real, el cuerpo es una caja llena de órganos, pero como está anudada con los demás registros nada le será indiferente: todo pasará por lo real y viceversa. Y es en la dimensión imaginaria donde el cuerpo adquiere la ilusión de ser un todo: una imagen completa, unificada.

Todo lo que le pasa al personaje en sus primeras horas de vida, repercutirá, de alguna manera, en su vida futura y en su cuerpo. Por eso, el narrador atento a los detalles cuenta:

A la mañana siguiente, cuando, a la brillante luz, daba la impresión de que todos los malos espíritus habían abandonado la tierra, llegó el pandit, un hombre bajo, delgado, de rostro afilado y sarcástico y modales altaneros. Bissoondaye le acomodó en la hamaca, de la que habían echado al anciano, y le contó lo ocurrido.

 Humm. Con que nacido al revés. Y dices a media noche.

Bissoondaye no tenía forma de saber la hora, pero tanto la comadrona como ella estaban convencidas de que había sido a media noche, la hora desfavorable.

Mientras Bissoondaye estaba sentada ante él, con la cabeza cubierta e inclinada, el pandit  se animó de repente.

Bueno, no importa. Siempre hay formas y maneras se superar estas desgracias.  Desató el hatillo rojo que llevaba y sacó el almanaque astrológico, un fajo de hojas sueltas, alargadas y estrechas, metidas entre tablas. Las hojas se habían vuelto pardas con el tiempo, y su olor a humedad estaba mezclado con el de la pasta roja  y ocre de sándalo que las había salpicado. El pandit levantó una hoja, leyó un poco, se mojó el índice con la lengua y levantó otra hoja. Por último, dijo:

En primer lugar, las características de este desgraciado muchacho. Tendrá buenos dientes, pero serán bastante anchos, y con huecos entre medias. Supongo que sabéis lo que eso significa. El chico será lascivo y manirroto. Posiblemente, también mentiroso. Es difícil saber qué pasará con los huecos entre los dientes. Pueden significar sólo una de esas cosas o las tres.

¿Y lo de los seis dedos, pandit?

 Desde luego, es una señal sorprendente. Lo único que puedo aconsejar es mantenerle alejado de los árboles y del agua. Sobre todo del agua.

¿O sea que no hay que bañarlo nunca?

 No quiero decir exactamente eso. — Levantó la mano derecha, juntó los dedos y, con la cabeza ladeada, dijo lentamente: Hay que interpretar lo que dice el libro. —Dio unos golpecitos sobre el tambaleante almanaque con la mano izquierda -. Y cuando el libro dice agua, pienso que se refiere al agua en su forma natural.

En su forma natural —

En su forma natural — repitió el pandit, pero sin mucha convicción . Quiero decir – se apresuró a añadir, un tanto fastidiado, mantenerle alejado de ríos y charcas. Y por supuesto del amar ¡Ah, y otra cosa! — añadió con satisfacción . Sus estornudos traerán mala suerte. — Se puso a recoger las alargadas hojas del almanaque —. Gran parte de los males que sin duda traerá este niño se mitigarán si se le prohíbe al padre que le vea durante veintiún días.

Nada más fácil dijo Bissoondaye, expresando emoción por primera vez.

El día vigésimo primero, el padre debe  ver al niño. Pero no en carne y hueso.

¿En un espejo, pandit?

Me parecería poco aconsejable. Mejor en un plato de latón.

Bien limpio.

A raíz de un artículo subido a este blog un amigo me escribió preguntándome si le recomendaba aquella novela. Solo cuando la obra, las palabras con las que se narra, me han dejado huellas, marcado, nace en mí el deseo de decir algo. Tengo demasiados buenos recuerdos de textos que me sorprendieron, y que quisiera comentar. Uno de esos deseos pendientes era esta novela de Naipaul. La conozco desde hace algún tiempo y la he leído en varias oportunidades y en cada una de ellas me ha sorprendido de alguna forma grata e inesperada. Decir que tiene quinientas setenta y un páginas puede asustar a aquellos amantes de los minirelatos, microcuentos; pero, déjeme decirles, sin caer en el engaño, que cada página de este libro es una mini historia que sumada al todo completan “Una casa para el señor Biswas”.

Esta novela de Naipaul deja al lector en libertad de colocar al final tres puntos suspensivos: tal como termina la vida. Por eso, no me gustaría adelantarles nada sobre ese deseo recurrente del Señor Biswas por lograr tener una casa propia y así independencia. Tampoco les adelantaré sobre las veces que lo intenta y en cuantas lo logra.  Lo que sí adelantaré un poco más es sobre mi trabajo de cártel de psicoanálisis, referente al cuerpo del señor Biswas. Como ya sabemos ese cuerpo llegó simbolizado: llega al mundo con una marca de nacimiento: se hicieron los mínimos preparativos para su nacimiento y sus chillidos despertaron a sus hermanos. Y él comienza a existir como ese niño nacido al revés y con seis dedos; arrastrando un sino que nos recuerda a las tragedias griegas.

El señor Biswas existe y hace existir a ese cuerpo marcado por las palabras y las diferentes voces que predijeron su futuro: voces de la comadrona, del pandit, de sus abuelos, y sus padres. Todas esas experiencias surgidas en su relación con los demás estarán presentes en muchas de las situaciones de su vida.  El primer contacto con su imagen no será claro ni definido, como suele presentar un espejo; la del señor Biswas será una imagen difusa y distorsionada por el latón: todo lo cual nos lleva a recordar la teoría del estadio del espejo de Lacan

Antes de nacer el señor Biswas es nombrado por el narrador y por los preparativos silenciosos para su arribo.  Y continuará siendo hablado aún después de muerto; a pesar de ya no tener cuerpo seguirá siendo motivo de palabras. A pesar de ser un ser de ficción su historia será capaz de conmocionar las fibras más íntimas de los lectores. Toda su vida estará marcada por la palabra, los libros y la escritura. A través de ella el señor Biswas atravesará la temporalidad de su cuerpo.

 

Una casa para el señor Biswas

V.S. Naipaul

 

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Picasso y Marie-Thérèse Walter

Yo he nacido de un padre blanco y de un pequeño vaso de agua de vida andaluza yo he nacido de una madre hija de una hija de quince años nacida en Málaga en los Percheles el hermoso toro que me engendra…

Picasso se enfrentó a la escritura como una forma de terapia que le permitía expresarse de una forma diferente. A través de la poesía dejaba escapar su mundo interior, lejos de las representaciones e imágenes pictóricas a las que estaba habituado. La escritura se le presentó como una alternativa en un momento de estancamiento creativo por el que atravesaba su pintura, crisis provocada no solo por sus dilemas emocionales sino también por el ambiente mundial en ese momento reinaba la incertidumbre y se anunciaba una guerra.

Cuando Picasso comenzó a escribir, corría el año 1935. Tenía cincuenta y cuatro años, se estaba divorciando de la bailarina Olga Koklova y  Marie-Thérèse Walter, su amante, estaba embarazada. Por ciertos problemas por su divorcio, los abogados de Olga le habían obligado a cerrar su taller parisiense, se dirigió al castillo de Boisgeloup donde tenía el taller donde trabajaba sus esculturas en yeso, el cual era, además, el lugar de sus encuentros con Marie-Thérèse. Ahí, algo deprimido, pero rodeado de la belleza natural y de arte escribió, el que se supone, su primer poema.

Si bien es cierto la escritura fue su vía de escape a sus problemas personales, también es cierto que consideraba a la poesía una respuesta vivencial, dijo: “Creo que mi obra como escritor es tan extensa como la de pintor. Materialmente dediqué el mismo tiempo a ambas actividades. Quizá algún día, cuando yo desaparezca, apareceré descrito en los diccionarios de esta manera. Pablo Ruiz Picasso: poeta y autor dramático español. Se conservan de él algunas pinturas”.

En su poesía Picasso refleja su forma de vida, sus pensamientos, su sentir y sus intereses; en ella se vislumbran imágenes visuales que nos recuerdan a su temática pictórica. Los instantes que vive y le afectan son representados con palabras emotivas, sencillas, en un lenguaje cotidiano, pero no carentes de figuras literarias. Sus versos nos descubren la voz lírica del poeta. Éstas muestran dónde se desenvuelve, cómo es la naturaleza que prefiere: una plena en la cual está presente el mar con sus olas, el sol, la mirada, el instante que queda, la boca, la risa, las manos, hasta la sombra y la mantis religiosa.

Picasso también escribió prosa poética:

4 de noviembre de 1935 [II] espejo en tu marco de corcho – tirado al mar entre las olas – no ves sólo el relámpago – el cielo – y las nubes – con tu boca abierta dispuesta – a tragarse el sol – mas si un pájaro pasa – y por un instante vive en tu mirada – al instante se queda sin ojos – caídos al mar – ciego – y qué carcajadas – en ese preciso momento – brotan de las olas

 

[septiembre de] 1936 si el enternecedor recuerdo del cristal roto en su ojo no diera la hora en las campanadas que perfuman el azul tan cansado de amar del vestido que susurra que lo envuelve el sol puede en cualquier momento estallar en su mano pero esconde las garras y se duerme a la sombra que proyecta la mantis religiosa mordisqueando una hostia mas si la curva que agita la canción colgada en la punta del anzuelo se enrosca y muerde en su centro el cuchillo que la seduce y colorea y el ramo de estrellas de mar grita su desamparo el pisto trágico del ballet de moscas sobre la cortina de llamas que hierve en el borde de la ventana

Y en ese mismo, 1935, también escribió tres obras de teatro. La más conocida:  “El deseo atrapado por la cola”.

Bibliografía:

‘Textos españoles (1894-1968)’ recoge 39 piezas recopiladas por Rafael Inglada

 

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