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Archive for 1 febrero 2013

SEGUIRÉ

 Pizarnik 25

 

“Aromas del goce en las huellas del cuerpo, en la poesía de Alejandra Pizarnik”

La atracción que produce en mí la forma de estructurar sus versos, no coloca signo de puntuación y los deja con la apariencia de que están sueltos, no hilvanados, ni relacionados, es lo que me atrae e impulsa a trabajar los poemas de Alejandra Pizarnik. Comprender la intención que llevan sus versos no es asunto fácil, y sólo leyéndolos varias veces, con mucha atención, y como si fueran un cuento, puedo descubrir cómo forman un todo; puedo elucubrar sus intenciones. Alejandra Pizarnik no pone punto final a sus trabajos, y empieza sus poemas con letras minúsculas, detalles que permiten elucubrar que un poema es la continuación de otro. No realiza ruptura alguna entre uno y otro verso, ni entre uno u otro poema.

Su poema SEGUIRÉ no es una excepción. 

roto marco centra este todo/ de árbol castrado llorando/ medir cada paso a lo largo/si no se perturba la luna/la luz redonda blancuras / de nabos rallados/tirar cada envoltura/ si no se distorsiona lo negro/la música enrojece la ruta/ de cada pequeño húmedo/girar girar girar/ percibir junto al marco roto/ sentires de tacos y muelas/ querer agarrarlo todo. Los rasgos antes señalados muestran el carácter circular de su poesía, en todos ellos encajan bien los versos: girar, girar, girar, de este poema.

El año pasado, 2012, en el cartel “Temas varios de psicoanálisis” analicé algunos de sus trabajos; experiencia que me permite afirmar que en sus poemas está presente el cuerpo, un cuerpo en su plan de goce con la palabra y el acto creativo; implicando a todos los sentidos, y en comunión con la naturaleza y los colores. A través de la lectura y el análisis de sus poemas como: Dibujo, Mi bosque, Días contra el ensueño, Humo, Tratando a la sombra roja, Hombre común, Reminiscencia quirománticas, Poema a mi papel, Reminiscencias, Ser incoloro, Vagar en lo opaco y Seguiré; intenté descubrir, y seguir las huellas que habían dejado ahí el cuerpo y el goce de su autora.

La poesía es el arte de la seducción, Alejandra Pizarnik en ese espacio de malos entendidos nos mantiene encantados e inquietos. En todos sus poemas se vale del ingrediente misterio, que guardan las palabras, para lograr que se caiga en esa red;  al fondo de ese vacío, creado por la incapacidad del lector al no poder descifrar a cabalidad la intención de sus versos, aprendí que los poemas se sienten, se los disfruta; se introduce en ellos no para entenderlos sino para sentirlos, y disfrutarlos.

En los versos que conforman su poema “Dibujo”, por ejemplo, nos lleva a pensar en un marco. El marco es uno de sus referentes y un símbolo recurrente en sus poemas. El marco que encuadra una vida, o el esbozo del acto de gozarla; el marco como dibujo-huella; lugar donde se plasman las vivencias, los detalles del cuerpo y del mundo.

En su poema “Humo” dice: marcos rozados en callado hueso/agitan un cocktail humeante/ miles de calorías desaparecen/ ante la repicante austeridad/ de los humos vistos de atrás/ dos manos de trébol roto/casi enredan los dientes separados/ y castigan las oscuras encías/. Luego de cada verso se hará necesario detenerse a pensar qué es lo que encierran esos versos; imperativo presente ante las múltiples posibilidades de interpretación que brinda cada uno, ¿de qué humo se trata?

 

Por su lado, en “Mi bosque”, está presente el goce que atesoran los deseos, en relación con las manifestaciones de los sentidos. Estos versos permiten al lector gozar con la mirada, gozar escuchando la voz que se escapa de los versos; versos que están relacionados con el oír y con el dejarse oír. El lector se encuentra frente a versos que lo inquietan y trasforman, porque son versos que pasan por el cuerpo y por el lenguaje. El poema como juego, como juego del lenguaje, y como laberinto poético.

En Reminiscencias Quirománticas, por ejemplo.

dos manos de flores pendientes resumen la

burda escultura de exóticas formas que

brillan vendiendo a las brujas el

augusto signo de vida por muerte

leyendo en las líneas las miles de

veces que vences o gimes o lloras o ríes o

emprendes camino a un paso fijo que

lucha en la noche repeliendo los

viles ataúdes que esgrime el fracaso

 

Sabemos que cuando dos cuerpos y miradas se encuentran ambos atesoran saberes y recuerdos. Uno los conserva también en las palmas de sus manos, y el otro como bagaje de su saber de vidente, pitonisa, o brujo. El encuentro deja un recuerdo que logra instalarse, mantenerse vivo a través del tiempo, y regresa luego hecho reminiscencia.

Platón nos enseñó que el alma no olvida, que la reminiscencia está anudada al conocimiento. Recordar, es entonces, volver a conocer; re-conocer las cosas y sus circunstancias. Es volver a gozar de las imágenes y del recuerdo, porque al actualizar el pasado se lo  vuelve a vivir; se re-vive dicho momento.

En el poema “Reminiscencias Quirománticas” la imagen de las dos manos de flores, apuntan a las palmas de la mano. Al resumen que delatan las huellas, los sucesos de una vida;  las que sólo necesitan de alguien que los descifre. Las líneas de las manos, para algunos, revelan nuestros deseos; los goces, las risas, los sueños frustrados, los entierros vividos, los retos, y todos nuestros fracasos.

Reminiscencia Quiromántica da vida a la dualidad voz y mirada. Saca a la luz al conocimiento innato que conserva el alma; versus la intuición y sapiencia de un otro llamado adivina o pitonisa. Esta poesía da cuenta del encuentro de dos cuerpos y dos almas en un tiempo y un mismo espacio, que dejó su rastro y conoce el camino de regreso.

Alejandra Pizarnik en sus poemas se permite crear imágenes en la mente del lector. Apela a su imaginación y a la magia de la palabra con el fin de que sus versos no sólo sean percibidos, vividos y sufridos sino que, además, esas imágenes y metáforas sean contempladas como una creación poética. Intenta que ese sentimiento vertido en sus versos, y percibido por el lector, sea evaluado de manera sensorial, en su pleno sentido poético.

Según Pablo Neruda en la raíz de toda creación poética existen dos cosas que deben predominar en la poesía, y que deben formar un todo unificado, que son: el sentimiento y la intuición. En su poema, “Reminiscencia”, la tarea poética de Alejandra Pizarnik consistió, precisamente, en configurar y expresar a la intuición y al sentimiento como un todo, una unidad. En este su poema, Reminiscencia, cuyo título es ya una metáfora, la voz poética expone sus recuerdos, muchos dolorosos; habla de la existencia, de los estragos que ocasiona el tiempo, y ciertas circunstancias en la vida. Eso sí, deja saber al lector que siempre habrá un “soleado rincón” dónde abrigarse. Habla de un otro, de esa presencia dan cuenta estos versos:

dos copas amarillas/dos gargantas raspadas/dos besos comunicantes de la visión de/una existencia a otra existencia/dos promesas gimientes de/tremendas locuacidades ajenas/dos promesas de no ser de sí ser de no ser/dos sueños jugando la ronda del sino en/derredor de un cosmos de/champagne amarillo blanquecino/dos miradas cerciorando la avidez de una estrella chiquita/.

En esta poesía Alejandra Pizarnik logra transmitir la índole de su propio sentimiento. Y en versos, como: caminaba trillada sobre pozo oscuro/los brillos lloraban a mis verdores/y yo miraba yo miraba/y el tiempo estranguló mi estrella; expone una situación de dolor que sofoca, y al tiempo que nos degrada.

En los seminarios 8 y 20 Jacques Lacan trabaja el cuerpo y el amor, lecturas que contribuyeron a que mi pregunta ¿qué es el amor?, cambiara por ¿quién es el amor?; puesto que los calificativos que se dan al amor apuntan a que es un individuo, más que una cosa.

En su Seminario 8, que trata sobre la Transferencia, en la lección “El resorte del Amor” Lacan comenta el “Banquete de Platón” y afirma que éste fue una especie de juego, una ceremonia, una reunión de gente de élite, un pretexto para una tertulia de intelectuales. Agatón, para festejar  el premio a uno de sus trabajos, reúne en su casa a sus amigos, y mientras les agasaja con comida y bebidas todos van disertando sobre Eros, tópico establecido previamente. Sócrates con su reconocido método dialéctico hace que Agatón caiga en contradicción en sus afirmaciones sobre el amor; humillación que suaviza al recurrir a Diotima con lo cual, deseándolo  o no, dio a la mujer el atributo de conocer mucho más sobre la vida y el amor; de poseer Diótima un conocimiento mucho más profundo y basto sobre Eros, el Amor, que los hombres ahí reunidos.

El poema SER INCOLORO, de Alejandra Pizarnik está dedicado al

(al conejito que se

comía las uñas)

Ahí, dice:

costura desclavada en mi caos humor diario

repiqueo infinito rayada

cadáveres llorosos mar salino

 

tu opacidad quitará fuentes de verde jabón

banderines colorados

en mano derecha de uñas comidas

El título “Ser incoloro” incluye a un ser y, así, se introduce en el poema al cuerpo. Incoloro hace referencia al agua; y ya sabemos cuán colorido resulta este elemento al  contacto con la luz. Y, en la palabra incoloro se abarca al Loro y al Oro.

Hablar del ser es mencionar al cuerpo y referirse a él es recordar también al amor. Hablar de un “ser” es hacer referencia a sus deseos, y a su goce; mucho más si el poema incluye una ofrenda. “Ser incoloro” está dedicado al conejito que se comía las uñas. Es una entrega y toda entrega porta un goce y un deseo de goce: tanto del que lo da como del que lo recibe. La dedicatoria, “al conejito que se comía las uñas”, remite a la boca, al tacto: al contacto de los dedos con los labios, a la sensualidad, al placer, al acto de comer; al banquete del amor.

En “Ser incoloro” están los sones; sus estrofas hacen referencia a la música, y a los sonidos. Hay un arpa que suena, y están los sollozos de los cadáveres, el ritmo del mar con su espuma de las fuentes de verde jabón. Sus versos tocan a seres que existen, porque sólo los que existen sufren, sollozan y dejan cadáveres. Sólo ellos pueden referir colores, escoger, o, tener preferencia por una de sus manos para comerle las uñas; sólo los que existen pueden hacer ofrendas de amor.

 

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