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Archive for 15 abril 2012


Intentar  responder o querer saber qué es el Amor es una inquietud actual planteada por el hombre como por la mujer, a través de todos los tiempos. ¿Qué es el amor?, nos preguntamos continuamente aunque fuese preferible plantearse, ¿quién es el amor?, porque los calificativos que se le dan apuntan más hacia un individuo, que a una cosa.

Intentar decir algo, aquí, sobre el amor surgió a raíz de la respuesta que una madrugada escuché dar, en un programa de televisión, a un filósofo español; afirmó algo parecido a esto: me gustaría que me recordaran por las personas que he amado, por la intensidad  y la calidad de mis sentimientos; soy y siempre fui alguien que ama y amó mucho. Por supuesto que de inmediato me enamoré de dicho filósofo. Su declaración inyectó adrenalina a mi insomnio y me impulsó de la cama para ir en busca del Banquete, de Plantón.

Lacan en su Seminario 8, que trata sobre la Transferencia, en la lección “El resorte del Amor” hace un minucioso análisis de este singular Banquete y nos comenta que éste fue una ceremonia, un juego de gente de élite, un pretexto para hablar sobre un tema pre establecido; una tertulia de intelectuales.

Con motivo de la celebración del premio por uno de sus trabajos, Agatón reúne a sus amigos en su casa y mientras sus esclavos les agasajen con comida y bebida, cada uno de ellos va exponiendo sus comentarios sobre Eros, tópico previamente establecido para dicha reunión. El grupo formado por filósofos, artistas y un científico es para envidiar. Envidia, palabra, en este caso, sin ninguna connotación negativa sino, más bien, en el sentido de deseo, “deseo de estar ahí”.

Cada una de las exposiciones fue poniendo a funcionar en mí sensaciones y sensibilidades que realmente soy incapaz explicar el cómo. Sócrates con su reconocido método dialéctico logró que Agatón cayera en contradicción, con lo que acababa de afirmar en su discurso. Suavizó la humillación del homenajeado al recurrir a Diotima con lo cual, deseándolo  o no, dio a la mujer el atributo de conocer mucho más sobre el amor que todos los presentes,  incluido él mismo. De poseer ella un conocimiento mucho más profundo y basto sobre Eros; el Amor.  Sócrates, como sólo sabe que no sabe nada, desempeña frente a Diotima el rol de aprendiz. La utiliza como recurso para transmitir “verdades” sobre Eros.  De esa manera él no afirma nada, únicamente transmite una conversación; lo que Diotima le enseñó en una de sus charlas. Con este artilugio nadie le puede cuestionar; ningún otro filósofo puede usar el mismo método dialéctico que comúnmente él utiliza  para provocar una contradicción. Afirma en su discurso: <<Tales fueron las lecciones que me dio Diotima en una de nuestras conversaciones sobre el amor>>.

Agatón en su intervención presenta a Eros, el amor, como joven y bello. En su exposición afirma que el amor siempre persigue y desea permanecer con la juventud y con la belleza. Pero Sócrates le hace reconocer una verdad: que sólo se puede desear lo que no se tiene, porque no se puede desear lo ya se tiene. Por lo tanto, le dice, si el amor persigue y desea con vehemencia la belleza y la juventud significa, por lógica, que él carece justamente de esas cualidades; por lo tanto, el amor ni es bello ni es joven. Y mucho más, si persigue lo bueno; también carece de bondad.

Pronto, El Banquete, más que en una alabanza se convierte en una exposición y desnudamiento de Eros. Con el recurso de Diotima de quien, según Sócrates, él recibe todos sus conocimientos sobre el tema, conocemos hasta cómo fue engendrado. Se nos cuenta que en la fiesta por el nacimiento de Afrodita, a la que asistió Poros, dios de los Recursos, Penia, La pobreza, se colocó en la puerta a mendigar. Luego Poros, embriagado, se fue a descansar en el jardín y ahí le venció el sueño. Cuando lo descubrió Penia  llevada por su carencia total, decidió “lograrse” un hijo de él. Y engendró a Eros. Por esa razón, porque fue concebido el día que nació Afrodita, el amor se hizo compañero y servidor de ella.

Vuelvo a remarcar la sorpresa que me llevé en la exposición de Sócrates y ello radica en el rol que le atribuye a Diotima. Desde el momento que la menciona ella aparece tomando su lugar; es quien hace las preguntas.  Ella resulta ser, a mi parecer, una especie de alter yo, femenino, del filósofo. Como ya dije, me parece una maniobra táctica; ella pregunta, Sócrates responde y  nadie puede cuestionar nada.

De la conversación con Diotima se nos introduce la duda de si Eros es un dios o un demonio, esto como resultado lógico de aceptar que Eros no es ni bello, ni bueno, ni joven. Si no es nada de aquello, por lo tanto, se nos dice, que tampoco puede ser un dios, porque no existe dios feo. Y es Diotima quien aclara a Sócrates que todas estas confusiones sobre Eros, el amor, se dan porque solemos “conjeturar que el amor es lo que es amado y no lo que ama”.

Diotima termina delatando secretos de Eros, dice: El amor es desear una cosa, una cosa que no se tiene. El objeto del amor es la generación y la producción de belleza. Y como “la sabiduría es una de las cosas más bellas del mundo, y, como Eros ama lo que es bello, es preciso concluir que Eros es amante de la sabiduría, es decir, filósofo, y como tal se halla en un medio entre el sabio y el ignorante. A su nacimiento lo debe, porque es hijo de un padre sabio y rico, y de una madre que no es ni rica ni sabia. Tal es mi querido Sócrates, la naturaleza de este demon”.

Demonio, o dios, Eros, el amor, es alguien importante y trascendental en nuestras vidas.  Su motor puede ser tan poderoso y potente como para impulsarnos a hacer cosas para trascender. Eros, como bien nos aclara Diotima, está ligado a querer poseer por siempre las cosas buenas que nos ofrece la vida.  Está adherido a la creatividad, por lo tanto, a dar vida a algo que no existía antes. Y como Eros, el amor, está siempre del lado de Afrodita, como resultado, aunque sea por ósmosis, a todos nos impulsa a “la producción de la belleza, ya mediante el cuerpo, ya mediante el alma”.

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