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Archive for 16 marzo 2012

El Guerrero aplicado me tendió una trampa, su personaje Jacques Maast apenas tiene dieciocho años, ¿qué puede decir o enseñar un niño de esa edad a una mujer sesentona?, me pregunté torpemente y ustedes ya adivinan la respuesta. Terrible error y al mismo tiempo una gran suerte, porque esa ingenuidad me llevó a adentrarme apaciblemente en las páginas de esa obra que terminó siendo una trinchera fangosa, resguardada de alambres de púas, pero ubicada dentro de una naturaleza profunda y de abundante hermosura; y desde dónde debía sacar párrafos sanos y salvos.

Todo empezó cuando un amigo me pidió que le consiguiera en la red El Guerrero aplicado, de Jean Paulhan, porque el libro no se encontraba en el Ecuador. Intenté conseguirlo en Perú, pero sólo logré retornar al punto de partida. Por suerte, uno de mis “contactos”, me consiguió, de una biblioteca canadiense, una versión en francés.

Así empezó la aventura de reconocer a este autor y a esta obra, cuya experiencia acabo de calificar de extraordinaria. Mis conocimientos de la lengua francesa me permitieron entender muy bien lo que el autor me trasmitía, pero a pesar de ello, encontré mucha dificultad a la hora de intentar plasmar las palabras, armar frases y párrafos en español; idioma en el que lo iba a leer mi amigo, además, era la primera vez que estaba “traduciendo” algo.

Así como el personaje de El Guerrero aplicado encontró una forma de supervivencia, dentro del horror de la guerra yo, también, como lectora “traductora”, me ingenié para proteger la supervivencia y la salud de mis párrafos y llevarlos, no sin tropiezos o accidentes, y después de una ardua batalla, a lograr el objetivo final.

Esta lectura me llenó de nostalgia. De deseos de  seguir saboreando las palabras de este autor, de continuar gozando de su forma de narrar, degustando, como el mejor de los vinos, sus descripciones de los paisajes de la campiña de su país, y de las encrucijadas en las que el personaje se encontraba a raíz la guerra. Nostalgia por Francia, por esa lectura fui a miles de lugares, vistos y soñados. Me llevó a recordar los pasajes de aquella primera “lectura ligera” que hice de la obra, hacía unos quince años, por sugerencia de un amigo,  “para que me enterara de lo tonto y sin sentido que resulta la guerra”.

Me recordó muchas películas, e hizo revivir en mí emociones que sacudieron mi alma y mi cuerpo, tal cual las marmitas sacudieron los cuerpos de algunos jóvenes haciéndolos volar  por los aires. El Guerrero aplicado nos enfrenta a la pérdida de amigos; pero al mismo momento nos muestra que en la guerra apenas queda tiempo para el dolor y el duelo. Y que en la guerra de ese entonces, no se moría al mismo tiempo para todos; las cartas seguían llegando después de semanas.  Pero más que un relato sobre la guerra esta obra es, en sí, la manifestación de una vivencia y la transformación que sufre un personaje a partir de la experiencia guerrera.

Gracias a mis amigos conocí los bosques y la belleza de la campiña francesa y, la dulce ingenuidad que conservan, hasta ahora, su gente. Pude, también, leer algo sobre esa época previa a la Primera Guerra Mundial, y sobre los movimientos artísticos del momento; ingenuos y bohemios, los artistas se alistaron románticamente para ir, muchos, a morir tontamente en la guerra.

Se sabe que uno nunca es el mismo, a la misma, después de leer un libro; con El Guerrero aplicado el cambio es radical. Después de haber pasado por esa experiencia lectora mi sensibilidad es otra. La guerra, a pesar de estar sólo plasmada en el papel se siente real y de una crueldad inexplicable.  Esto y el haber conocido los detalles y las reflexiones de Jacques Maast, me cambió la percepción del mundo y de la vida. No sólo he agregado ese bagaje a mí experiencia, sino también la vida de Glintz, de Polio, de Blanchet y hasta el mismo Delieu se sumaron a mis recuerdos y a los aromas y perfumes que bajaban desde los altos de esos bosques, dónde desaparecían y luchaban esos jóvenes.

Espero que les haya animado a leer El Guerrero aplicado. Según Wikipedia, nadie ha traducido esta obra de Jean Paulhan al español; ésta sería la primera.  Que Jean Paulhan, me disculpe, desde donde está, si ella no fuera de su completo agrado, si yo no hubiese captado a plenitud sus razonamientos, no hubiese encontrado las palabras equivalentes para expresar con la misma profundidad sus pensamientos. O no estuviesen a la altura del nivel de la belleza de su narración. Pero, como dice Antonio Aguirre: “Siempre tenemos un plus que se pierde al pasar de una lengua a otra. También se gana otro propio de la lengua de la traducción”.

Si alguno desease leer esta versión, la puede obtener a través de este link:

http://www.mediafire.com/?7bd1atr7sqj2hwm

 

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