No querer blancos rodando/ en planta movible.
No querer voces robando/ semillosas arqueadas aéreas.
No querer vivir mil oxígenos/ nimias cruzadas al cielo.
No querer trasladar mi curva/ sin encerar la hoja actual.
No querer vencer al imán/ la alpargata se deshilacha.
No querer tocar abstractos/ llegar a mi último pelo marrón.
No querer vencer colas blandas/ los árboles sitúan las hojas.
No querer traer sin caos/ portátiles vocablos.
Análisis
Abordamos la poesía en busca de una fuente de placer y belleza, para acercarnos a ese otro goce que nos proporcionan las palabras. La poesía implica al cuerpo y sus sentidos, lo involucra; lo lleva a gozar del producto del goce del Otro, del creador; del artista. La poesía nos permite gozar con la mirada, pero es con la voz, que se relaciona con el oír, con el dejarse oír, es que nos perturba y transforma.
Días contra el ensueño se ubica en el orden del “No quiero saber nada de eso”, versos relacionados con los deseos del cuerpo, y lo que se le impone. Su título, Días contra el ensueño, como discurso poético vislumbra la existencia de un goce que pervive y que se encuentra encerrado en cada uno de los versos que niegan. Detrás está presente la voz del cuerpo poético, que se deja oír con claridad. Delata a un cuerpo que se encuentra tras el ensueño al que se le debe imponer algunos no, para contrarrestar esa tendencia; evitar su desbordamiento.
Los versos Días contra el ensueño exponen una “falla” en la voz poética que manifiesta “No querer”. Porque ocho versos no son suficientes, no alcanzan a decir todo lo que ese “no querer esconde”. Ese “no querer” ya, de por sí, encierra una dimensión de lo que no puedo decirse. Expresan mucho más de lo que dicen sus palabras, pero, al mismo tiempo, no pueden expresar todo lo que abarca el concepto de “no querer”; hay algo más que se escapa a la voz poética, que queda como resto, de lo no dicho, pero sí intuido.
Días contra el ensueño son versos que evidencian un rodeo porque no hay una clara consistencia entre el verso principal y el subordinado; son inconsistentes, entre ellos no existe un vínculo, aparente, que los una. Pero, el primer verso y el último encierran a los demás, y eso le da un carácter circular a la poesía, de un todo que tiene delimitado sus bordes.
Su espacio es temporal, es del orden de la vida. Todos los versos pasan por el cuerpo vivo, y por el lenguaje. Se percibe las huellas de una sombra que anticipa un estado anímico; la presencia de un cuerpo divido entre lo que quiere hacer y lo que se le imponen que no haga. Torna visible la presencia de un principio, que convive y permanece latente en todos nosotros, que es el principio de satisfacción. Principio que en esta poesía pasa por el sufrimiento, la destrucción; por la prohibición. Estos versos de Pizarnik tornan visible el descontento, y la acción que se ejerce sobre el cuerpo-objeto, que tiene sus propios deseos, que preferiría estar, más bien, del lado de los días con el ensueño o, simplemente, estar tras un ensueño.
Bibliografía
Libro 20, Aun, Jacques Lacan
El concepto de vacío en la creación artística, Ronald Portillo
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La cama mágica dos
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Con licencia de ficción
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La gran simuladora
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Gracias por el análisis. No leo mucha poesía y esto me ha ayudado a entender bastante más. Empecé con el primer poemario de Pizarnik y continuaré. Saludos.